Capítulo 6

6. SE BUSCA VERDUGO

 

La sombra de humo sonreía con aquella línea que se torcía en su carente rostro, dos orificios por encima formando aquellos ojos felinos. Loui retrocedió aterrorizado, las piernas le pesaban entumecidas y se negaban a responderle. La criatura centró su atención en la esfera brillante que tenía entre las manos traslúcidas y dejó escapar un largo sonido como de algo desinflándose.

—…No es el amo —siseó el demonio de humo y entonces sus ojos de gato se posaron en el niño con un parpadeo de pupilas y sonrió—… ¿Eres el amo?

Loui se estremeció y consiguió por fin mover las piernas en cuanto la sombra comenzó a alargar una de sus manos en estado gaseoso hacia él, pero no fue lo suficientemente rápido y trastabilló hasta caer sentado. La mano de humo se extendió lentamente, como si estuviera regodeándose en la anticipación, cuando de pronto una especie de rayo la atravesó y el apéndice de humo flotó, disipándose en el aire, aunque de inmediato volvió a crecerle otra mano y el ser desvió su atención hacia atrás. Loui aprovechó ese momento para levantarse y echarse a correr, aunque una vez fuera de la cancha se detuvo y decidió esconderse debajo de las gradas para observar. Dos figuras con armadura trataban de darle caza al demonio de humo por más que este se disipaba y volvía rápidamente a formarse. El miedo de Loui pronto se transformó en fascinación y se quedó ahí, observando todo con asombro.

 

Demian cerró la puerta del auto después de sacar un par de abrigos a petición de Vicky. Discutir sus excesivas demandas para la reunión del día siguiente era cansado, pero más lo era la perspectiva de que su casa se llenara de algunas presencias no gratas para él.

Acomodó ambos abrigos en su brazo y se disponía a volver al edificio cuando lo invadió de golpe una horrible sensación de vértigo, la misma cuando el demonio de humo apareció. Podía percibirlo cerca; estaba seguro de poder localizar su ubicación exacta. ¿Pensaba acaso detenerlo? Se suponía que aquel era trabajo de los Angel Warriors, pero él también se sentía responsable, después de todo, él era la razón por quien estaban haciendo todo de nuevo: buscando dones, cosechándolos. Y necesitaba probarles que él no estaba involucrado esta vez.

Dejó los abrigos sobre el capó del auto y trató de localizar al ser; su apariencia fue cambiando a su forma de demonio y desapareció en medio de una nube de humo negro. Cuando apareció a un lado de la cancha de tenis, vio que ya habían llegado dos de los chicos e intentaban capturar a aquel demonio que no hacía más que escabullirse gracias a su singular constitución. De alguna forma aquello lo tranquilizó.

El cuerpo inmóvil de Frank estaba en el piso y el demonio balanceaba entre sus manos de humo una esfera brillante, como burlándose de ellos ante su imposibilidad de atraparlo. Demian aprovechó la distracción del demonio para aparecer junto a él y arrebatarle el don, pero en cuanto lo tocó, se sintió enfermo. El demonio volteó hacia él con aquellos ojos felinos en su cara sin forma y de pronto la línea de su boca se estiró en toda su extensión, cortando su rostro a la mitad.

—¡Amo! ¿Ven conmigo? —dijo el demonio con aquella voz como chirridos de cigarras y él lo observó con desagrado, preguntándose si carecería de memoria a largo plazo pues claramente se había negado la primera vez.

—Tendrás que llevarme muerto —replicó él, tratando de ignorar el malestar. Extendió entonces la mano libre hacia el demonio que seguía flotando frente a él, con aquella línea atravesando su rostro de humo. Al estilo de una aspiradora en reversa, su mano expulsó una energía que barrió con el demonio, disipándolo en el aire hasta hacerlo perder su forma; al menos eso le concedía un poco de tiempo mientras volvía a formarse como una nube de tormenta. Dio unos pasos atrás, manteniendo el don a su espalda, cuando de pronto una descarga eléctrica en la mano lo obligó a soltar la esfera. Ni siquiera le dio tiempo de preguntarse lo que estaba pasando, cuando se dio cuenta ya tenía aquellas dos figuras encima, atacándolo por lados opuestos—… ¿Qué están haciendo?

Detuvo la mano de una y tras una rápida mirada se dio cuenta de que la armadura que tenía enfrente no coincidía con las de los demás. No eran los Angel Warriors que él conocía. La mano que detenía comenzó entonces a emitir descargas eléctricas, por lo que tuvo que soltarla y retroceder. La otra figura se acercó por detrás y comenzó también a golpearlo por la espalda, y las partes de su armadura que tocaba comenzaron a sufrir cambios, como si se transmutara, dificultándole el defenderse. Cada vez que su armadura enloquecía, tenía que usar su propio poder para regresarla a la normalidad, y a la vez esquivar nuevos ataques. Para colmo, el demonio de humo ya había recuperado su forma y descendía nuevamente.

Demian no podía estar pendiente de todo al mismo tiempo, de modo que arrojó a ambas figuras al incrementar su aura, y trató de detener al demonio, pero al voltear, el don ya estaba entre las manos del demonio otra vez. La línea que formaba su sonrisa se abrió en un enorme agujero por boca, su cabeza entera partida por la mitad, y se tragó la esfera para después hacer espirales en el aire y desvanecerse como una aparición.

Demian se quedó ahí, jadeando con frustración. Si tan solo no lo hubieran distraído… Escuchó entonces pasos y supuso que serían de nuevo aquellas dos figuras, así que volteó, listo para otro ataque, pero en vez de eso vio que eran los demás, deteniéndose frente a él y viendo desconcertados el cuerpo inconsciente de Frank en el suelo. Le dirigieron unas miradas que él ya conocía. Miradas de duda.

—¿Qué ocurrió? ¿Qué pasó con Frank? —preguntó Lucianne, poniéndose de rodillas y tratando de hacerlo reaccionar.

—…Fue el demonio de humo, se llevó su don —respondió él, tratando de mantenerse ecuánime y esperando que esta vez realmente le creyeran.

—¿El demonio de humo que también atacó a Lester? —repitió Lilith con un tono que no parecía del todo convencido y Marianne se adelantó antes de que comenzaran de nuevo con los interrogatorios.

—Lo haré reaccionar y él mismo nos dirá lo que pasó —decidió Marianne, colocando sus manos por encima de su pecho para crear un don sustituto mientras Demian permanecía apartado, tratando de modular su respiración agitada.

—…No entienden. No era solo el demonio de humo, había otras dos figuras luchando contra él. Pensé que era alguno de ustedes.

—Pero acabamos apenas de llegar —respondió Angie.

—Eso es lo que intento decir. Pensé que eran ustedes al principio, no les presté atención, me concentré en el demonio, pero entonces empezaron a atacarme… —continuó Demian, su respiración aún agitada, haciendo que sus palabras salieran atropelladas—. Entonces pude verles con mayor detenimiento, sus armaduras se parecían, pero no eran las de ustedes.

—¿Armaduras como las de nosotros? —intervino Samael con voz recelosa.

El cuerpo de Frank se retorció con un espasmo, cogiendo aire por la boca en una sola inhalación. Se llevó las manos al pecho para verificar si estaba herido y luego miró a su alrededor alerta, con ojos tan abiertos que parecían salirse de sus órbitas. No paraban de hacerle preguntas, pero él se detuvo en Demian. Su mirada enseguida se encendió con un gesto feroz y se levantó de un salto como una pantera.

—¡…Tú! ¡Tú hiciste esto! —aseguró él, intentando acercarse mientras Lucianne lo sujetaba del brazo para que no continuara avanzando—… ¡Me atacaste por la espalda como un cobarde!

—No sabes lo que dices —masculló Demian, sintiendo que nuevamente su veracidad era puesta en duda.

—Él dice que cuando llegó el sujeto de humo tenía tu don —dijo Marianne, tratando de colocarse entre ellos para evitar una pelea.

—Piensa, Frank, intenta recordar, ¿llegaste a ver al demonio de humo o algo remotamente parecido? —preguntó Lucianne en un tono cálido para tranquilizarlo.

—¿Demonio de humo? ¡Yo no vi a ningún demonio de humo! ¡Les digo que me atacó por la espalda, no alcancé a ver nada!

Los demás dieron un resoplido que parecía de frustración por no llegar a nada mientras Demian se mantenía tenso, consciente de que continuaba siendo el principal sospechoso, aunque no lo expresaran en voz alta.

—…Yo sí lo vi.

Todos voltearon hacia aquella voz ajena al grupo y vieron a Loui a unos cuantos metros, con una expresión entre maravillada y temerosa.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¡¿Dónde te habías metido?! —le reclamó Marianne, olvidándose por un momento de las circunstancias; este la observó por unos segundos demasiado impresionado para responder hasta que de pronto la señaló.

—¡…Já! Sabía que eras tú —exclamó el niño y ella se dio cuenta de que se había puesto en evidencia. Dio un gruñido, sabiendo que era ya inútil mantenerlo alejado de ello, y dejó entonces que la armadura se retrajera y la dejara al descubierto.

—Tranquilos. Él ya sabe; puede mantener el secreto —afirmó ella a regañadientes mientras el niño se erguía de cierta forma orgulloso ante aquel reconocimiento. Los demás decidieron deshacerse de las armaduras, mientras Loui no perdía detalle de nada, como si estuviera detrás de cámaras de la filmación de una película de sus historietas favoritas.

—¡…Alucinante! —expresó impactado y Marianne lo tomó del brazo para obligarlo a centrarse; el niño se crispó adolorido.

—Muy bien, ahora responde, ¿qué fue exactamente lo que viste?

—Al principio parecía como un enjambre de lejos, hasta que fue tomando forma y pasó a través de él —explicó Loui, señalando a Frank—. Era una silueta de humo, lo dejó inconsciente enseguida. Tenía una esfera entre las manos y fue entonces que aparecieron las otras dos figuras con armaduras.

—Háblanos de esas dos figuras, ¿qué puedes decirnos de ellas? —interrumpió Samael con interés.

—Pues… ¡tenían armaduras! Eran parecidas a las de ustedes. Comenzaron a perseguir al sujeto de humo, pero no podían atraparlo y a este parecía divertirle. Entonces apareció él —señaló ahora a Demian, que se mantenía de pie a un lado con expresión insondable—, y enseguida lo atacaron de la nada hasta que todos desaparecieron y ustedes llegaron.

Los chicos mantuvieron silencio por unos instantes, procesando las palabras del niño y mirándose de reojo como esperando a que alguien dijera lo que pensaba.

—…Yo no vi nada de eso, no puedo confirmarlo —dijo finalmente Frank, negándose a aceptar que Demian decía la verdad desde el principio. El niño se encogió de hombros y sacó su celular.

—Grabé unos segundos si quieren verlo.

Como si hubiera dicho las palabras mágicas, los demás enseguida se colocaron alrededor de él para poder mirar la pequeña pantalla del celular mientras reproducía el video de unos diez segundos, en cuyos últimos instantes se veían las dos figuras lanzándose contra Demian mientras él las alejaba para intentar detener al demonio de humo antes de que huyera. Los chicos observaban todo con atención, repitiendo el video una y otra vez para intentar captar más detalles.

Demian no se movió de su sitio; no necesitaba ver el video, él lo había vivido de cerca. Y por más que tanto este como la confirmación de Loui lo eximían de toda culpa, no borraba el hecho de que habían dudado de él. Porque no se podía confiar enteramente en un demonio.

—…Envíanos ese video, ¿quieres? Vamos a necesitarlo si queremos encontrar una respuesta —pidió Marianne mientras los demás continuaban pensativos.

—¿…Mitchell no está aquí? —preguntó Angie, echando un vistazo alrededor para confirmar si estaban todos. Belgina enseguida bajó la vista con expresión culpable ante la sola mención.

—Tampoco Monkey, pero podemos enviarles el video —resolvió Lilith.

—Frank, ¿no piensas disculparte? —Lucianne lo miró como una madre intentando obligar a su hijo a reconocer su error. Él, por su parte, la miró indignado.

—¿…Por qué iba a disculparme? ¡Por si no te das cuenta he perdido mi don otra vez! ¡Estoy en cuenta regresiva, yo soy el afectado aquí!

—Pero culpaste a Demian cuando él sólo intentaba ayudar —espetó ella y Demian optó por darse media vuelta y alejarse de ahí.

—¡Hey! ¿A dónde vas? —preguntó Marianne, apartándose del grupo.

—Debo regresar con mi hermana o se preocupará —respondió él de forma cortante y tras avanzar varios metros más se detuvo y volteó con gesto serio—… Si llegan a saber algo sobre aquellas dos figuras, avísenme. Yo veré qué puedo hacer con respecto al demonio de humo… Los dejaré ahora, para que puedan seguir con su pequeña reunión.

Y sin decir más se marchó de ahí. Marianne se preguntó si aquello significaría un retroceso en el proceso de reintegración que había estado llevando bastante bien durante el último mes.

—¿Entonces él era el demonio que había estado atacando la ciudad? —intervino Loui aún en estado de asombro tras presenciar más de cerca todo aquello de lo que solo tenía conocimiento en teoría—… ¡Wow! Y lo dejan andar con ustedes, ¡qué temerarios!

—Hay muchas cosas que no sabes, así que no opines y limítate a enviarnos el video tal y como te pedimos —ordenó Marianne justo cuando vieron a Mitchell acercarse con pasos erráticos, y en cuanto llegó a ellos lo notaron pálido y distraído.

—…Lo siento, ¿me perdí de algo?

—¿Dónde te habías metido? ¿Estás bien? Parece que viste un fantasma.

—Sí, solo… tuve un contratiempo, creo —respondió él, llevándose la mano al rostro y rascándose superficialmente el rasguño que tenía en la mejilla.

Belgina tan solo lo miró con remordimiento, como si intentara decir algo, pero en vez de eso se alejó en silencio.

—Van a tener que resolverlo si queremos funcionar como equipo —comentó Marianne mientras se enfocaba en el video recibido en su móvil.

—Si por mí fuera ni siquiera habría nada que resolver —aseguró Mitchell, frotándose la cara y pellizcándosela.

—Ah, pero claro, las chicas somos las que lo complicamos todo, ¿no? ¿Eso es lo que quieres decir?

—No salió de mi boca —respondió Mitchell, levantando las manos para deslindarse.

—Ah, ¿sí? Pues escucha bien esto, porque lo diré una sola vez. Si hubieras hecho caso como te advertimos y no te hubieras dejado llevar por tus estúpidas hormonas, Belgina no estaría actuando así en este momento —espetó Marianne con una nota de reclamo y señalándolo de forma acusatoria.

—¿…Eh? —la expresión de Mitchell era de completa ignorancia, como si le estuviera hablando en otro idioma.

—¡De verdad que eres…! —dijo Marianne, empuñando las manos para evitar golpearlo.

—¡Ella siente que abusaste de su confianza mientras carecía del don! ¡Ya, lo dije! —intervino Lilith, esperando finalmente zanjar el asunto.

—¿Qué? ¿Abusar de su confianza? Pero yo no… Mi intención no era… ¿Están seguras de que dijo eso?

—Te lo advertimos miles de veces, ¿no? Ahora busca la manera de solucionarlo, que tanta tensión perjudica nuestra dinámica de grupo —determinó Marianne, guardando su celular tras asegurarse de que había recibido bien el video.

—¿Ahora sí puedo ser un miembro honorario? —preguntó Loui, tirando de su suéter. Ella dio un resoplido, sintiendo que estaba poniendo a prueba su paciencia.

—Deberíamos regresar, ¿no creen? —sugirió Angie, vigilando el camino al auditorio y la escuela—… Antes de que termine la reunión o que alguien comience a sospechar de nuestra ausencia.

—Vayamos entonces. Sugiero que todos analicen el video para poder discutirlo luego —concluyó Marianne.

Frank se quedó en el mismo lugar; una mano al bolsillo, sosteniendo con la otra un cigarro y la mirada fija en sus pies mientras se dedicaba a dar zapatazos sobre la pista de tenis como si intentara escarbar en ella. Lucianne también se quedó atrás al notar que no se movía.

—¿Vas a decirme ahora de qué hablaste con mi padre? —Él no respondió, sólo siguió frotando los zapatos en la cancha y dando caladas—… Frank, di algo.

—¿Te importa? Acabo de perder mi don por segunda vez y lo único que quiero es estar solo por un momento. El que estés aquí no ayuda.

Lucianne lo miró desconcertada ante su tono. Podría haberle respondido de la misma forma, pero lo único que hizo fue darse media vuelta y alejarse.

Frank dio una última calada a su cigarro, arrojándolo a continuación al piso para apagarlo con la suela de tal forma que el último pisotón hizo retumbar la cancha, formándose algunas grietas en ella. Frank se colocó en cuclillas por un momento para serenarse y comenzó a cantar mentalmente el tema de las chicas tartaletas. A veces le funcionaba, a veces no, pero aún así tarareaba un poco. Para cuando se puso de pie de nuevo ya se sentía más en control. Decidió entonces marcharse por el lado del estacionamiento, pero en cuanto salió de la cancha de tenis le salió al paso una sombra.

—¿…Puedo hablar contigo un momento?

Frank lo miró incrédulo, sin poder comprender su presencia frente a él.

—¿…Tú hablar conmigo? ¿O será que pretendes usar alguna técnica de intimidación para que no vuelva a hacer acusaciones falsas contra ti?

Demian procuró no mostrar ninguna alteración ante sus palabras.

—…Será solo unos minutos.

Franktick entornó los ojos con recelo, pero aún así lo siguió más allá de las canchas y el domo de natación para que nadie pudiera encontrarlos a simple vista.

—Tú no confías en mí —comenzó Demian y Frank soltó una carcajada.

—¡No me digas, Sherlock! ¡Tu capacidad de deducción me asombra!

—Intento hablar en serio. Lo digo porque yo tampoco confío en mí —aseguró él, tratando de mantenerse imperturbable para no dejarse llevar por sus impulsos—… ni en lo que sea capaz de hacer si los dones llegan a ser reunidos de nuevo, en todo caso. Incluso aún ahora siento que puedo perder el control en cualquier momento, así que bajo la influencia de los dones no podría asegurar nada… ¿entiendes a lo que quiero llegar?

—Me hago una idea, pero dejaré que lo digas por el puro placer de escucharlo de ti —replicó Frank, esbozando una sonrisita soberbia y levantando la cabeza.

Demian apretó la mandíbula, torciendo la boca ligeramente.

—…Necesito asegurarme de que, si los dones siguen siendo recolectados, habrá quien tome cartas en el asunto antes de que estén completos y que aún en contra de la voluntad de los demás elimine la fuente de poder de esos dones, es decir a mí.

Frank escuchaba todo mientras asentía como si estuviera escuchando la mejor noticia en todo el día.

—Me halaga que pensaras en mí para tan importante tarea —comentó Frank con aquella sonrisa soberbia—. Aunque no soy el único que puede hacerlo.

—Lo sé. También pienso hablar con él en cuanto tenga la menor oportunidad.

Alitas es una buena opción. Aunque él hará lo que Marianne le pida, no puede evitarlo. Justo ahora lo tiene amarrado con la idea de que eres diferente y no sigues los cánones de los demonios comunes —respondió Frank, aprovechando para encender otro cigarrillo como si su mano ya estuviera programada para hacerlo, mientras Demian esperaba pacientemente a que diera una calada y expulsara el humo con tanto placer que casi se sintió tentado a retroceder para dejarlos solos a él y su cigarro—. Yo me refiero a quien parece desear tu muerte casi tanto como yo: tú mismo.

Demian no pareció sorprendido por su propuesta, como si ya lo hubiera considerado antes, así que no necesitó pensarlo mucho cuando respondió con un movimiento negativo de cabeza.

—No funcionará. Ya lo he intentado —dijo tan frívolamente como si estuviera hablando del clima y Franktick le dirigió una mirada inquisitiva, alzando una ceja como si no se esperara aquella respuesta—… Pasé suficiente tiempo a solas durante el último mes.

—…Bien, pues solo queda entonces intentarlo con Samuel —dijo Frank, levantando ahora ambas cejas como si prefiriera no ahondar en el asunto—. Supongo que será fácil que acepte una vez que lo convenzas de que eres un peligro para Marianne y el resto.

Demian frunció el ceño, disgustándole la idea de tener que convencerlo de ello, aunque por dentro sabía que potencialmente sí lo era y eso le alarmaba.

—¿Tenemos un trato entonces? —preguntó Demian, ansioso por terminar aquel intercambio.

—La última vez que hice un trato con un demonio casi pierdo mi humanidad —comentó Frank, estrechando los ojos con recelo—… Claro que el trato no incluía la promesa de matarlo en caso de que las cosas salieran mal… Tampoco el que intentara transformarme en su sirviente, pero supongo que es parte de la naturaleza engañosa de los demonios.

Demian mantuvo silencio, sabiendo que solo intentaba vilipendiar su origen otra vez. Frank acabó por fin con su cigarro y lo lanzó al piso para a continuación apagarlo de un pisotón.

—No necesito un trato para algo que de todas formas deseo hacer —añadió Frank, levantando la vista hacia él y sosteniéndole la mirada con ferocidad—… Pero si eso te sirve para mantenerlo, entonces acepto. —En cuanto dijo esto, alargó la mano y la dejó suspendida en el aire, esperando a que el otro se la estrechara. Demian reaccionó con sorpresa—. ¿Apretón de manos o lo sellamos con sangre?

—…Creo que el apretón basta —respondió Demian finalmente dándole la mano y sellando así su trato.

—Perfecto, porque la idea de mezclar nuestra sangre me repugna.

Demian únicamente le dedicó una mirada de enfado y enseguida lo soltó mientras Frank reía y se limpiaba la mano en la pernera de su pantalón.

—Esto no significa que no intentaré detener a esa sombra y recuperar los dones que ya ha tomado. Solo es un plan de contingencia en caso de que las cosas se salgan de control; no te estoy dando luz verde para matarme cuando te plazca, espero que te quede claro —explicó Demian, esperando que se lo tomara en serio, aunque fuera una vez.

—Hey, yo no soy el demonio aquí. La historia demuestra que son ustedes los que no son de fiar. Tienes mi palabra de Angel Warrior.

—Que no se hable más entonces —finalizó Demian, dándose la media vuelta y marchándose de ahí, dejando nuevamente a Frank solo, para encender su tercer cigarrillo de la noche y mirar hacia la luna con expresión meditabunda.

 

En cuanto Samael estuvo en el ático, lo primero que hizo fue sentarse en la cama y examinar detenidamente el video todas las veces que fueran necesarias. Había quedado demostrado que el demonio de humo era real, y parecía tan escurridizo que no tenía idea de qué forma podrían combatirlo. Sin embargo, su atención estaba enfocada en las dos figuras de armadura. Volvió a reproducir el video una y otra vez, manteniendo la vista en el punto donde la primera figura aparecería después de unos segundos, su armadura argéntea y reluciente de un leve tono añil. Muy similar a ellos.

—¿Sigues despierto? —Marianne tocó a la puerta y abrió un poco para asomar el rostro. Él pausó el video e hizo el móvil a un lado para enfocarse en ella.

—¿Qué sucede? —La vio entrar al ático cargando con su laptop, se sentó a su lado y colocó el aparato frente a ellos de modo que pudieran ver la pantalla.

—Descargué el video para poder verlo en una pantalla más grande. De por sí no tiene mucha definición porque tenemos unos teléfonos bastante sencillos, pero creo que se ve un poco mejor así.

A continuación, presionó una tecla y el video comenzó a reproducirse en la pantalla de la laptop; no ocupaba ni la mitad de ella, pero era suficiente para poder distinguir más detalles. Vieron a la sombra disiparse como el humo y en cuanto Demian dio la vuelta para tomar el don, apareció la primera figura y pausó el video justo cuando disparaba rayos contra él.

—Llegué a pensar que quizá era alguna pistola de shock, pero si te fijas bien, los rayos salen directamente de sus manos. Y también la otra figura. —Volvió a reproducir el video para mostrar el momento en que la figura de armadura lavanda tocaba la coraza de Demian y esta comenzaba a mutar—. Al simple contacto con la mano puede provocar esa reacción en la armadura, como si sus moléculas se descontrolaran.

Samael se limitó a observar el video, sumergido en sus propios pensamientos, mientras Marianne lo miraba como si esperara una explicación.

—Samael… ¿existen más Angel Warriors? —Él apartó la vista de la pantalla y la miró con ojos tan abiertos como azorados. Ni siquiera había considerado tal posibilidad—. Y lo pregunto porque antes no tenías una idea clara de cuántos éramos en total. De pronto detectabas que alguien más lo era y era lanzarlo al ruedo sin dar muchas explicaciones. Así que, dime… ¿aún hay más Angel Warriors aparte de nosotros?

Samael miró la pantalla otra vez. Las dos figuras de armadura se mantenían pausadas en pleno ataque contra Demian. Después de todo, eso era lo que debían hacer los Angel Warriors, luchar contra demonios. Y, sin embargo, últimamente se sentía muy confundido con la forma en que había estado torciendo las reglas para aceptar que Demian no era como los otros demonios, o incluso que Marianne fuera escogida para ser una Angel Warrior cuando su padre… No, no debía seguir pensando en ello; después de todo, no tenía pruebas contundentes, solo el no poder acceder a su mente. El tema en ese momento era el descubrir el origen de aquellos dos seres con armadura. Intentaba pensar en algo qué responder, pero su mente se había quedado en blanco. No tenía nada.

—…Lo siento. No sé qué decirte.

—No lo digas. Está claro entonces lo que tenemos que hacer. Debemos encontrarles y preguntar directamente quiénes son y cuáles son sus intenciones —decidió ella, poniéndose de pie—. Te dejo la laptop para que veas el video con mayor detenimiento. Iré a dormir, mañana tenemos la reunión a la que nos invitó Vicky.

—¿Yo también tengo que ir?

—Si no vas, ella se decepcionaría mucho. Buenas noches.

Cerró suavemente la puerta mientras Samael permanecía en la cama, con la laptop enfrente y la imagen pausada en la figura con los rayos brotando de sus manos.

Más Angel Warriors, ni siquiera se lo había planteado antes. Pero no tenía sentido, ¿de qué forma podían haber llegado a la conclusión de lo que eran sino estaba él ahí para guiarlos? Ese era su trabajo, después de todo. Volvió a reproducir el video y continuó viéndolo, atento a cada detalle que se le hubiera escapado en la pequeña pantalla del celular. Lo único que distinguió fue que sus cascos eran un poco más alargados en la nuca, dándole un diseño aerodinámico.

Repitió el video varias veces más hasta quedarse dormido.

Esa noche tampoco hubo sueños ni mensajes del plano superior, simplemente su consciencia se desconectó del mundo y de cualquier otro plano.

 

Demian tuvo que despertar muy temprano para asegurarse de que todo estuviera listo para cuando llegaran los invitados. No le entusiasmaba nada aguantar la presencia de tanta gente ajena en casa, pero estaba dispuesto a soportarlo solo para tener contenta a su hermana.

En el fondo sabía que aquella necesidad de complacerla radicaba en la culpa que sentía por la muerte de sus padres, tal vez no directamente en el caso de su padre, pero aún seguía atormentado por los recuerdos de su madre cayendo por el balcón, empujada por él durante uno de aquellos trances del sueño en que su verdadera naturaleza salía a flote. No le había dicho a nadie sobre ello y tampoco pensaba hacerlo; ya había asesinado al padre de Marianne, aunque hubiera vuelto a la vida gracias al don de la resurrección, no tenían por qué saber que llevaba otra muerte a cuestas. Seguiría viviendo con ello como hasta ahora, por más que deseara volver al estado anterior de ignorancia que al menos le daba la tranquilidad de sentirse humano.

Necesitaba relajarse antes de que la gente comenzara a llegar, así que decidió ir a nadar en la piscina. Se dirigió hacia el ala este, cargando una toalla y con un albornoz. En el lugar había una larga piscina que iba casi de un extremo a otro, rodeada de ventanales y por encima una bóveda de cristal que dejaba caer la luz del sol sobre ésta. Al abrir la puerta se detuvo en seco al descubrir que no era el único que había tenido la misma idea. Addalynn nadaba en ese momento con la agilidad de una sirena, apenas removiendo las aguas con su suave braceo y los rayos del sol cayendo sobre ella desde el tragaluz, dándole un aspecto de criatura marina de fantasía.

Demian se congeló ahí, sin saber cómo reaccionar, mientras ella se acercaba al extremo de la piscina. En cuanto sacó la cabeza del agua, posó sus ojos en él.

—¿Me estabas espiando?

Demian parpadeó, apenas dándose cuenta de que la observaba, y apartó la vista.

—No, yo… lo siento. No pensé que alguien más estaría en la piscina.

Addalynn se tomó un par de segundos para mirarlo de pies a cabeza y desvió después la mirada con desinterés.

—No hay problema si eres tú, cualquier otro ya hubiera perdido los ojos.

Demian la miró con expresión intrigada, intentando descubrir si estaba bromeando o lo decía en serio. Por más que sus interacciones y escaso conocimiento de ella demostrara que no era propensa a las bromas, esbozó una sonrisa muy ligera, suficiente para suavizar su fría mirada. Entonces emergió del agua con un ágil movimiento, se plantó frente a él y comenzó a exprimir su cabello con extremo cuidado. Llevaba un traje de baño blanco que delineaba su cuerpo sin revelar de más, y Demian se sintió impelido a desviar la vista enfocándose en cualquier otra cosa que no fuera ella.

—Olvidé mi toalla. —Demian volvió a posar su vista sobre ella y vio que estaba más cerca, tanto que tomó la que él llevaba en el brazo antes de que él pudiera siquiera reaccionar—. Tomaré esta prestada si no te importa.

Se enrolló en la toalla y sin decir nada más salió de ahí mientras Demian trataba de encontrarle sentido a su extraño comportamiento.

Miró de nuevo la piscina, pero ya había perdido las ganas de nadar.

 

La cafetería había abierto a las diez en punto como de costumbre, y mientras Mankee ayudaba a acomodar todo junto con el otro mesero, Lilith se la pasaba sentada en la barra, tomando una malteada y meciendo sus piernas sin hacer nada.

—Luces terrible —comentó Lilith como si le estuviera dando los buenos días. Mankee se apoyó de la mesa que estaba acomodando y dio una exhalación.

—Cualquiera que trabaje todo el día y además se espere que asista a ciertas reuniones estaría así —replicó Mankee.

—Pero te ves peor que eso —continuó Lilith sin pena alguna—. Tienes ojeras y una expresión perdida como si te hubieran vaciado por dentro y solo dejaran un zombi detrás.

—¿…Te han dicho que tienes un talento especial para desanimar a la gente?

—Tengo talento para muchas cosas —respondió Lilith sin tomárselo a mal y aún sin mover un dedo para ayudar. Mankee dio un suspiro y trató de dejarlo pasar.

—…He tenido pesadillas últimamente, solo eso.

—Qué clase de pesadillas serán para dejarte totalmente drenado por el resto del día.

—…De mi lugar de origen; cosas que creí dejar atrás y que de la nada han empezado a perseguirme de nuevo —dijo él, inmerso en sus propios pensamientos.

—Cada vez que mencionas tu pasado oscuro te vuelves sexy por un segundo.

—¡…No bromees! —reclamó Mankee, sonrojándose.

—No lo hago. Quizá si usaras la excusa del pasado oscuro más seguido con las clientas podrías compensar un poco la fuga que hay desde que Samuel no trabaja aquí —sugirió Lilith como si fuera lo más lógico—. Solo tendrías que trabajar en tu encanto extranjero y arrojar pequeños detalles para crear un personaje misterioso ante las clientas, ellas amarán eso. Yo me aplicaría también, pero no hay un mercado muy consolidado con los chicos, vienen mayormente chicas.

—Estoy demasiado ocupado en la cocina —respondió Mankee con un suspiro, apoyándose de la rockola—… Que Remy lo haga, él trata con los clientes.

El otro mesero se detuvo desde el otro extremo y les lanzó una mirada indagadora.

—…Sin ofender, Remy, pero no tienes las cualidades exóticas ni la personalidad para destacar entre las clientas, para eso mejor aprendes a cocinar e intercambias lugares con Monkey —dijo ella implacablemente y el chico tan solo entornó los ojos como si maldijera internamente y continuó con su trabajo.

—…En serio necesitas filtro —replicó Mankee—. Por cierto, ¿no fuiste invitada a casa de Demian? Oí que era fiesta de su hermana. Los demás irán.

—Ehm… sí, pero… debo trabajar, ya sabes, ganarme el sueldo con el sudor de mi frente y esas cosas —respondió ella y Mankee la miró con escepticismo.

—…Sí, ya veo lo mucho que trabajas —dijo Mankee, levantando una ceja y Lilith únicamente se desplomó sobre la barra como si se hubiera desinflado por completo, dejando medio cuerpo desparramado y acaparando todo el espacio—… ¿Hay alguna razón por la que no quieras ir? Aparentemente todos fueron invitados… No es que me sienta desairado ni nada de eso. De todas formas, tampoco habría podido asistir, yo sí hago falta aquí.

Lilith no se movió de su cómoda posición y dio un resoplido que sonó como una trompetilla. Sentía que todos los ánimos se le habían ido en aquella exhalación.

—…No es nada, son sólo cosas mías.

—¿Entonces es cierto que te cae mal la hermana de Demian?

—¡¿De dónde sacaste eso?! —replicó ella, levantando la cabeza alarmada.

—Se dice por ahí —respondió él, tratando de no hablar de más, pero ante la mirada intensa de Lilith se dio por vencido—… Lucianne lo comentó mientras estaba ayudándome en la cocina cuando no me sentía bien.

—¡Ay, justo lo que me temía, que se hiciera un chisme de eso! —se lamentó Lilith, apoyándose en la barra y frotándose la cara como si quisiera ocultarla—… No, no es que me caiga mal ni es algo personal, simplemente tengo mis razones para evitarla.

—¿Qué tipo de razones? No parece tener sentido si no se trata de algo personal.

—Solo intento dejarla fuera de cualquier peligro, ¿de acuerdo? No quiero hablar más de ello —finalizó ella, colocando la barbilla sobre sus brazos.

—Lo dices como si tú fueras el peligro para ella —agregó Mankee y Lilith solo frunció el ceño y torció la boca—… Espera un momento, eso es lo que crees, ¿no es cierto? Por alguna extraña razón crees que puedes ser un peligro para ella. —Lilith continuó jugueteando con sus dedos—. ¿Es por aquellos espíritus? Porque no tiene sentido, ya no tienen influencia sobre ti y mucho menos podrían dañarla a nadie.

—…No son ellos los que me preocupa que pudieran hacerle daño —murmuró ella con los dientes apretados e inflando las mejillas.

—Ya te dije que no pueden influir más en ti…

—¡Pero eso no borra las cosas que me hacían ver! —Alzó la voz y volvió a enfurruñarse. Mankee continuó observándola fijamente, torciendo sus espesas y oscuras cejas. Se sentó entonces a su lado con actitud confidente.

—Las cosas que te hayan hecho ver en sueños… ninguna es verdad. No debes creerlas por ningún motivo —expresó él bajado la voz—… Es lo que el Nonuma hace: mantiene el control del cuerpo que ha escogido como recipiente a través del miedo, de la subyugación. Y para eso se vale de ilusiones baratas para hacerte creer que algo ocurrirá a menos que sigas sus instrucciones, que dejes de luchar contra su influencia. Pero tú ya te has librado de ella, apuesto a que lo que sea que te hayan hecho ver antes has dejado de verlo, ¿cierto?

Era verdad que no había vuelto a ver aquellas horribles imágenes, pero su recuerdo seguía intacto. ¿Había estado rechazando el contacto con aquella chica basándose en un temor infundado? Si era así, había estado desperdiciando los últimos días utilizando todos sus esfuerzos en rehuirle cuando podía haberlos usado para desarrollar una amistad con ella… ¡Era fan de Lissen Rox incluso! Las lisseners debían mantenerse unidas. «Lissen sisters con el corazón en la mano, aunque le crezcan cuernos», era el lema de su fandom. Parecía algo sin sentido, pero sí que lo tenía para ellas; significaba apoyarse siempre, hasta en los momentos más oscuros. Hasta entonces le había costado amistarse con otras fanáticas como ella, Kristania había sido algo totalmente inesperado y en algún momento impensable, pero si Lissen Rox había logrado unirlas de alguna forma, quizá podría hacer lo mismo con Vicky. Aún estaban a tiempo.

—¡…Monkey, hoy tendrán que ver cómo se las arreglan sin mí! ¡Tengo algunas cosas qué resolver! —anunció ella, poniéndose de pie con el pecho henchido como si fuera una súper heroína a punto de ir a salvar el mundo y salió corriendo con expresión resuelta.

—…No te preocupes, ya veremos cómo nos la arreglamos —respondió Mankee con sarcasmo mientras recogía el vaso vacío que había dejado atrás.

 

Vicky estaba en su elemento, platicando con sus invitados a su llegada. Únicamente le dijo a quienes había conocido primero, pero tras la invitación que le había hecho a Kristania, la noticia se había regado y acabaron llegando hasta chicos de otras clases, animados por la mórbida idea de entrar en la casa del balcón sangriento, como actualmente la llamaban tras las muertes de sus dueños.

Lucianne, Belgina y Angie habían llegado casi al mismo tiempo y se mantenían juntas en un rincón, tomando cócteles frutales sin alcohol. Observaban con sorpresa la cantidad de personas, preguntándose en qué momento había pasado de ser un simple almuerzo a una fiesta de ese tamaño en la que varios chicos ya se habían adueñado de la piscina.

—¡Qué bueno que pudieron venir! ¿No es maravilloso? ¡Jamás me imaginé que vendría tanta gente por mi cumpleaños! ¡Qué bueno que obligué a mi hermano a contratar un servicio de catering o de lo contrario no nos hubiéramos dado abasto!

—Para la próxima quizá hasta necesites un estadio completo, quién sabe —dijo Lucianne alzando su copa a lo que ella respondió con una risita.

Después se alejó corriendo hacia el frente de la casa y se detuvo para recibir a Kristania, como toda buena anfitriona. Belgina de inmediato se puso tensa al descubrir su presencia, pero no se veía a Mitchell por ningún lado. De pronto se les apareció Marianne en frente como si hubiera salido de la nada.

—¡Hola! ¿A qué hora llegaste? —preguntó Lucianne tras un breve sobresalto.

—Hace unos minutos. Escucha, Belgina, ¿podríamos hablar? —respondió ella, mirando fijamente a Belgina con expresión seria.

Ella parpadeó ante su petición. Volteó hacia las chicas y ellas únicamente se encogieron de hombros, hasta que finalmente accedió acompañarla.

—¡¿No vino Samuel contigo?! —preguntó Angie mientras se alejaban.

—¡Debe de andar por ahí! —respondió Marianne con prisa. Angie y Lucianne intercambiaron miradas, extrañadas ante su urgencia.

Demian, por su parte, intentaba hallar algún rincón solitario dónde ocultarse, pero cada vez que entraba a la cocina con alguna excusa, siempre estaban los meseros, o si salía al jardín se topaba con varios chicos a quienes apenas conocía de vista. No tenía intención de ir a su habitación para que nadie lo siguiera (sobre todo después de ver a Kristania acaparando la atención de su hermana) y había bloqueado las escaleras para que nadie subiera. Pensó en el único refugio que le quedaba y caminó decidido hacia la sala, esquivando a cualquiera que quisiera entablar conversación. Cuando ya estaba escabulléndose por el pasillo, le pareció ver pasar a Belgina a toda prisa con los ojos acuosos. Se le hizo extraño, pero al volver a mirar ya se había ido, y él estaba más cerca del estudio de su padre, de modo que prefirió continuar hasta llegar a una puerta con la señal de “Prohibido el paso”. Sintió inmediato alivio en cuanto cerró la puerta y dejó de escuchar el barullo. Al menos descansaría unos minutos del gentío. Lo que no esperó fue encontrarse a Addalynn en la mesa de trabajo al voltear. Tenía un libro abierto frente a ella y lo miró por unos pocos segundos antes de volver la vista hacia las páginas en silencio.

—…Lo siento. Pensé que no habría nadie más aquí. Solo quería alejarme unos minutos de la gente.

—Está bien. Puedes quedarte si quieres. Es tu casa, después de todo —respondió ella sin despegar la vista del libro. Demian permaneció con la espalda contra la puerta, pensando qué hacer ya que su última esperanza de buscar un refugio solitario había sido truncada. Por otro lado, Addalynn era tan reservada que bien podría imaginarse que no había nadie ahí y respirar un poco de tranquilidad y silencio por unos minutos.

—No molestaré —dijo él finalmente, dirigiéndose hacia el escritorio de su padre, girando sobre la silla hacia la ventana que daba al jardín.

La vista lo relajó por un rato hasta que un chico pasó por ahí y rompió el momento zen que había conseguido. Pronto comenzaron a aparecer más y más chicos arruinando el paisaje, así que Demian dio un resoplido de frustración y volvió a girar la silla para quedar de nuevo frente al escritorio. Addalynn estaba ahora de pie ante este, ocasionándole un ligero sobresalto.

—…Tienes ansiedad —dijo ella, no como pregunta sino como afirmación, mirándolo a los ojos para a continuación pasar la vista por la superficie del escritorio—. Y además te sobresaltas con facilidad. No pareces tener la conciencia muy tranquila.

Demian rió como si aquello fuera lo último que le faltaba, que alguien le hablara sobre la intranquilidad de su conciencia.

—¿Eso te parece? Bueno, pues… al menos eso demuestra que a pesar de todo tengo una —respondió él, tratando de reprimir una sonrisa. Addalynn lo miró de arriba abajo y luego fijamente a los ojos, en lo que parecía ya un récord para ella de contacto visual.

—No estaba del todo segura… pero quizá se puede confiar en ti —dijo ella con un halo de misterio en su voz.

Demian frunció ligeramente el ceño, esperando a que se explicara, sin embargo, ella tan solo se dio la media vuelta y se dirigió hacia la puerta, dejando en el aire aquella frase que se sentía incompleta.

—Espera… ¿qué? ¿Eso es todo? —preguntó Demian y ella se detuvo con la mano en torno a la manija.

—Simplemente eres distinto de lo que imaginaba —dijo con aquel tono enigmático que ya una vez le había hecho sentir que sabía más de lo que aparentaba, y ahora no era la excepción.

—…Espera —musitó él, tratando de obligar a sus piernas a moverse, pero ella ya había salido del estudio—… ¡Espera!

Cuando por fin sus piernas respondieron, se lanzó hacia la puerta y atravesó la sala, casi chocando con Marianne, aunque alcanzando a detenerse a tiempo.

—Lo siento, yo sólo… buscaba a…

—Cuidado, parece como si hubieras visto un fantasma —comentó Marianne, intentando también mantener el control tras el sobresalto inicial—. Casi me atropellas… por segunda vez.

Él rió por un segundo, una risa que salió como una exhalación; un poco de aire fresco para él.

—No tienes idea cuánto necesitaba de alguna distracción en este momento —replicó él enderezándose y Marianne supuso que aquello significaba que estaba a punto de perder el control sobre sí mismo en medio de tanta gente, así que volteó hacia Samael que permanecía cerca de la entrada, y le hizo una seña.

—¡Ve a saludar a Vicky y a los demás, luego te alcanzo! —dijo ella a la vez que comenzaba a empujar a Demian hacia la sala y de vuelta al estudio—. ¿Estás teniendo problemas para… mantenerte en control?

Demian le devolvió la mirada con un gesto confuso hasta que entendió a lo que se refería. Sintió una punzada, pero no podía culparla; después de todo, él mismo se tomaba en serio cada vez que sentía un ataque de ansiedad inminente.

—No te preocupes, no estallaré en un arranque asesino que arrase con todos los invitados ahí afuera si es lo que te preocupa, al menos no por el momento —espetó él, dando un suspiro.

—¡No, por supuesto que no! —dijo ella, intentando rectificar sus palabras—. No quería decir de esa forma, sé que no llegarías a ese extremo. Solo me preocupa lo que la tensión puede llegar a afectarte si se vuelve más frecuente. Pero estoy segura de que puedes controlarlo.

Demian simplemente asintió con exhausta resignación. Era cierto que tenía sus formas para desaparecer aquella ansiedad que lo invadía de repente ante ciertas situaciones como la que se vivía en su propia casa justo en ese momento. Pero no creía que lo entendieran.

—¿..Esto es por la reunión convertida en fiesta o tiene que ver lo que ocurrió ayer?

Demian volvió a posar la mirada sobre ella, más compuesto ahora.

—…Algo de ambos, supongo —respondió finalmente.

—Deberías sentirte más tranquilo en ese caso, ahora todos han visto pruebas de ese ser de humo, no queda duda alguna de su existencia.

—…Quizá el problema es que las había —señaló Demian sin la intención de sonar resentido, tan sólo para liberarse de esa carga. El rostro de Marianne se contrajo y lo miró con remordimiento, buscando algo qué decir, y Demian se arrepintió de haberlo dicho—… Mira, olvídalo. Entiendo que tuvieran dudas. Es perfectamente comprensible dudar de un demonio.

—¡No! ¡Tienes razón! Nadie debió poner en duda tu versión. Eres nuestro amigo después de todo, no cualquier dem… —su voz se ahogó en cuanto intentó decir aquella palabra. No podía mencionarla en su presencia, simplemente no lo conseguía, así que apretó la boca para evitar que saliera algo más de ella.

Demian notó su gesto desolado y casi se sintió culpable de que hiciera todo lo posible por autocensurarse estando frente a él. No era lo que deseaba, solo que fuera ella misma.

—…Hey, tranquila. Puedes decirlo. No me molesta. —Marianne le dedicó una mirada dubitativa—. En serio, después de todo es la verdad, soy un demonio. El primer paso es la aceptación. No importa lo que soy sino lo que hago con ello, algo así me dijiste alguna vez.

Marianne dio un suspiro y luego una larga exhalación para animarse a hablar de nuevo.

—…Si sirve de algo, yo no dudé ni por un momento que lo del demonio de humo fuera real —agregó ella, atreviéndose por fin a decir la palabra frente a él y Demian esbozó una sonrisa.

—…Gracias. Eso ayuda —respondió él agradecido, y tras unos segundos de silencio, de pronto fueron conscientes de que estaban encerrados solos en el estudio mientras decenas de chicos afuera podrían hacerse ideas erradas sobre ellos si permanecían ahí más tiempo.

—…Bien, creo que eso es todo —dijo Marianne, desviando la vista para que no viera su apuro, abriendo rápidamente la puerta para salir corriendo, topándose en la sala con Lilith, que apenas iba entrando con una caja entre las manos—… ¡Lilith, viniste!

—¿…Y ustedes de dónde vienen, eh? —preguntó Lilith, con una sonrisa de oreja a oreja al ver a Demian detrás de ella y Marianne procuró mostrar un gesto malhumorado para disimular su sonrojo.

Demian pasó a su lado y echó un vistazo a la caja.

—Si es de fresas seguro le encantará, es su favorito.

—¡…También es mi favorito! —dijo Lilith con la boca abierta por la coincidencia.

—¿A dónde vas? —preguntó Marianne.

—Tengo algo que hacer. Siéntanse como en casa —dijo siguiendo de largo hasta que lo perdieron de vista. A Marianne le pareció extraño, pero en cuanto volteó hacia Lilith y notó su sonrisita, de inmediato volvió a fruncir el ceño con fastidio.

—…Basta, Lilith, o pasaré por alto el progreso que has hecho al venir aquí con tu ofrenda de paz.

—¡No es una ofrenda de paz! —proclamó Lilith y ahora fue Marianne quien se cruzó de brazos y levantó una ceja—… Solo pensé que sería de buena educación traer algo que pudiéramos disfrutar todos… aunque no se me ocurrió pensar que habría más gente de la esperada.

—…Bueno, pues como sea. Es bueno que hayas decidido venir. Ahora vamos a buscar a Vicky para darle su regalo. Seguro se pondrá feliz —aconsejó Marianne, pero su teléfono comenzó a sonar y tuvo que detenerse—… Es mi madre, debo atender. Adelántate, luego te alcanzo.

—…Está bien. ¡Y por cierto! Lamento mucho lo del divorcio de tus padres.

Marianne la miró desconcertada, como si no la hubiera escuchado bien.

—¿…Dónde escuchaste eso?

—Tu madre lo comentó ayer mientras estaban todos reunidos en la escuela. No te preocupes, no es el fin del mundo. Yo ni siquiera conocí a mi padre —aseguró Lilith a manera de empatía mientras se encaminaba en busca de Vicky.

Marianne permaneció ahí de pie con expresión velada. El teléfono no dejaba de sonar.

 

Samael no había perdido el tiempo y se había puesto a recorrer el lugar, observando atentamente a los invitados como si buscara a alguien específico. Llegó a la piscina y escaneó el lugar con la vista, pero no encontró lo que buscaba, ignorante por completo de las miradas que varias chicas le dirigían. Estaba a punto de marcharse cuando algo fuera de la ventana captó su mirada. En el jardín estaba Addalynn sentada en una banca, leyendo algo, lejos de todo el bullicio de la casa.

Samael salió de inmediato con la intención de rodear la casa hasta llegar ahí, pero se topó con Angie y Lucianne.

—¡Hola, Samuel! —Angie fue la primera en saludarlo con una sonrisa que intentaba mostrarse casual, aunque denotaba su entusiasmo. Él respondió educadamente como hacía siempre, con una sonrisa y un asentimiento de cabeza.

—¿Has visto a Belgina? —preguntó Lucianne—. Estaba hablando con Marianne, pero no regresó.

—Lo siento, quizá deberían preguntarle a ella. Estaba a punto de salir por…

—¡Samuel! ¡Llegaste! —Vicky se acercó de inmediato, dejando a un lado a Kristania que había estado acaparándola—. Empezaba a preocuparme. Marianne también vino, ¿no es así?

—Sí, ella se quedó al frente —respondió él, sin olvidar sus modales por más que necesitara salir. Angie los observaba con expresión contrita, viendo la facilidad con la que Vicky podía simplemente llegar y tomar sus manos sin que pareciera forzado. Simplemente era así, inclusiva y amigable, por más obvio que era su interés. Angie deseaba poder actuar de esa forma frente a él, sin sabotearse a sí misma.

—Esperen aquí mientras me aseguro de que nadie haya hecho algún destrozo en la piscina. ¡No me tardo, ¿eh?!

En cuanto Vicky se marchó corriendo como si fuera un colibrí revoloteando entre flores, Samael dio un suspiro y vio su oportunidad para seguir su camino.

—…Debo hacer algo, ahora regreso —se excusó Samael, poniéndose en marcha antes de que alguien más lo detuviera.

—Hoy parece que todo mundo está ocupado —comentó Lucianne, terminando de tomarse su cóctel. Angie se limitó a observar a Samael, con la creciente certeza de que nunca tuvo oportunidad.

Samael logró salir de la casa sin que volvieran a interceptarlo, a pesar de pasar junto a chicas que lo miraban como si quisieran hablar con él, pero en ningún momento se detuvo. En cuanto llegó al fondo de la casa, paró al ver que unos metros más allá estaba Addalynn, sentada en una banca bajo la sombra de unos árboles, leyendo atenta un libro en su regazo.

Ahí estaba de nuevo aquella sensación de ser atraído por un imán hacia una burbuja inaccesible. Paseó la vista alrededor como si analizara sus posibilidades. Después de todo, ¿qué podía decirle? “Hola, no nos conocemos, pero cada vez que estás cerca, detecto una especie de disturbio en la atmósfera que me impide concentrarme, así que me gustaría hacer algunas preguntas”. Eso solo la ahuyentaría. Probablemente sí que habría dicho algo así meses antes, cuando recién había tomado forma humana, pero no ahora que ya llevaba un tiempo ahí y conocía un poco más de sus costumbres.

De pronto, ella alzó la vista de su libro y lo miró directamente a pesar de la distancia. Sus ojos parecían reflejar la luz, brillando en la sombra como los gatos. Samael se estremeció y se preguntó si estaría realmente dirigida a él. Como si dijera “Adelante, puedes acercarte”.

Fueron apenas unos cuantos segundos antes de que ella volviera la vista hacia el libro, como una señal de aprobación. Él tomó aliento para así dirigirse hacia ella con resolución, pero en cuanto dio un paso al frente, una mano se posó en su hombro.

—¿Podemos hablar?

Samael se volvió sorprendido. Demian estaba de pie a espaldas de él, con expresión extremadamente seria.

El ángel no respondió de inmediato, miró de nuevo hacia Addalynn, pero ya no estaba sentada en la banca, como si se hubiera esfumado de repente. Claro que al expandir su vista la vio alejándose de un grupo de muchachos que intentaban acercarse a ella. Había perdido su oportunidad. Dio un suspiro de resignación y volteó hacia Demian otra vez, intrigado por su iniciativa de abordarlo.

—¿De qué se trata?

—…Aquí no. Demasiados ojos y oídos. Vayamos a un lugar más privado —sugirió él al ver que más chicos salían por la ventana abierta de la piscina.

—¡No, no se supone que abran las ventanas! ¡Vuelvan a cerrarlas! ¡Mi hermano se pondrá furioso! —exclamó Vicky, su voz retumbando desde el interior. Demian y Samael retrocedieron instintivamente.

—…Por aquí —dijo Demian, regresando sobre sus pasos mientras Samael lo seguía. Condujo al ángel al estudio y cerró en cuanto estuvieron dentro. Le siguió un sordo silencio que pareció sugerir lo raro de aquella situación, con ellos dos frente a frente cuando usualmente preferían no dirigirse la palabra.

—¿De qué quieres hablar? —Samael rompió el silencio y Demian tomó aliento.

—…Más que nada es una petición —dijo él y Samael torció las cejas. Demian entendía su reacción, hasta él se sentía raro diciendo eso al ángel—… Ya he hablado con Frank de ello y él está de acuerdo.

—¿Con Frank? —repitió Samael más intrigado aún. Demian hizo una mueca, tratando de pensar cómo decírselo.

—…Es por el hecho de que los dones estén siendo recolectados otra vez. Creo que los temores que tienen no son infundados; si esos dones son reunidos y absorbidos por mí una vez más, dudo mucho poder resistirme a su influencia. La primera vez fue difícil, aún hasta ahora no me queda claro cómo conseguí deshacerme de ellos, así que si ocurre una segunda vez… no puedo prometer que seré capaz de controlarme.

—…Entiendo —respondió Samael, suponiendo hacia dónde se dirigía aquello—. Y necesitas una garantía en caso de que eso ocurra.

—Necesito una garantía para evitar que eso ocurra —corrigió él—. Creo que si en una sola cosa podemos coincidir es que, si llego a estar bajo el control de los dones de nuevo, es muy probable que no tengan una segunda oportunidad. Podría acabar con todos. Lo sabes.

Samael asintió con solemnidad. Sabía perfectamente de lo que era capaz; lo había vivido en carne propia cuando casi había muerto en sus manos. En ese entonces no podía imaginarse que estarían hablando civilizadamente en su casa.

—¿Qué es lo que propones entonces?

—Si ese demonio continúa recolectando los dones y no hemos logrado recuperarlos… deben asegurarse de que yo muera.

Samael no respondió, tan solo mantuvo aquel semblante serio y atento a sus palabras.

—Frank está de acuerdo. Sólo falta que tú aceptes —continuó Demian, esperando una respuesta de su parte.

—Marianne no lo permitiría —fue lo único que él dijo y Demian dio un resoplido.

—No es ella quien decide en este asunto. Es mi vida, después de todo —espetó él, totalmente decidido—… Escucha, sé que eres su guardián o lo que sea, por lo tanto, debes tener en cuenta lo que esté en sus mejores intereses. Ella confía en que sería capaz de controlarme en el caso de que ocurra, que los dones vuelvan a mí… pero ¿y si no es así? ¿Y si en su afán por tener la razón es incapaz de ver lo peligroso que puedo ser y termina muerta? ¿Y si todos terminan muertos? —Samael se sobrecogió solo de pensarlo—. Sé que es gracias a ella que sigo vivo; convenció a todos de que ya no representaba un peligro… sin embargo, no podría decir lo mismo en el caso de que mi conexión con la Legión de la Oscuridad se restablezca. Por eso acudo a las únicas dos personas que sé que pueden asegurarse de que eso no ocurra de nuevo, que no dudarán en acabar conmigo si es necesario. ¿Puedo contar con eso al menos?

Samael no supo qué responder a aquello. Entendía su punto y posiblemente antes hubiera aceptado sin chistar, pero ahora su perspectiva había cambiado. O al menos Marianne lo había hecho.

—¿…Podríamos ver cómo se van desarrollando las cosas y decidir sobre la marcha?

—No hay nada más qué decidir, si esperan hasta el último minuto es posible que sea demasiado tarde. ¿Por qué de pronto te resulta tan difícil? Necesito una respuesta concisa. ¿Puedo contar con que harás todo lo posible por evitar que los dones vuelvan a controlarme aún si eso significa acabar conmigo? —insistió Demian con impaciencia.

—No creo que sea tan sencillo como piensas —respondió Samael, dando un suspiro—. Los demonios tienen un sentido de preservación muy fuerte, el sacrificio no está dentro de su código genético. Así que por más que estés dispuesto a no ofrecer resistencia, lo más seguro es que se active tu mecanismo de defensa automático a la primera señal de peligro. No podrás evitarlo, tan solo lucharás inconscientemente por tu supervivencia.

Ahora fue Demian quien se quedó callado, sopesando aquella información. Comenzaba a tener sentido su imposibilidad para realizar aquel trabajo él mismo. Lo había intentado tantas veces aquellos días que le siguieron a la pelea, pero simplemente le había resultado imposible. De nuevo su herencia demoníaca le arruinaba algo más que la vida, hasta la libertad de quitársela. Tomó aliento y trató de que eso no afectara sus planes.

—Promete que al menos lo intentarás —insistió, esperando que por fin aceptara.

—Prometo que haré lo que crea necesario —resolvió Samael y Demian decidió que era suficiente. Pareció relajarse y con una mirada de reojo, de pronto extendió el brazo hacia él con la mano abierta.

Samael parecía genuinamente sorprendido de que quisiera sellar aquella especie de pacto con un estrechar de manos. Acercó lentamente la suya algo dubitativo y en cuanto la tomó, pudo sentir una descarga eléctrica que recorrió su palma, y por la expresión de Demian, supo que él también lo había sentido.

—…Supongo que eso lo sella —Demian concluyó sin mencionarlo siquiera.

Aquello pareció finalizar su intercambio pues él se dirigió a la puerta y la sostuvo para Samael, invitándolo a salir también. El ángel siguió su ejemplo, pasando por delante de él en completo silencio hasta que estuvo fuera y la puerta se cerró.

 

Lilith caminó entre los grupos de chicos reunidos en los pasillos de la casa, con las manos aferradas a la caja que sostenía contra su pecho para protegerla y una revolución en la boca de su estómago. No tenía idea de lo que diría a Vicky en cuanto la tuviera en frente, pero esperaba que simplemente la aceptara sin preguntas. Sus ojos se paseaban por el lugar, en busca de su singular tono de cabello cuando se le apareció Kristania de frente, ocasionándole un sobresalto.

—¡…Oh, Kri! ¡Casi me causas un infarto!

—No pensé que vendrías. Bueno, al menos Vicky no —comentó ella con una sonrisa y un brillo psicótico en los ojos, aunque Lilith parecía no reconocerlo.

—¿De qué hablas?

—Oh, bueno, verás… estuve platicando con ella hace rato y no sé por qué, pero tiene la extraña idea de que tú la odias —continuó Kristania—. Y yo le dije “¿Qué? ¿Lilith? ¡De ninguna forma! ¡Es una lissener, por dios! ¿Por qué rehuiría a una hermana lissener?”

Lilith sintió que la revolución de su estómago se pasaba a su pecho. Apretó más la caja y pasó un trago con dificultad, reflejando la angustia en su rostro. Kristania entonces volvió a sonreír para tranquilizarla, aunque para el ojo entrenado algo parecía esconderse detrás de aquella sonrisa.

—Hey, tranquila. Lo importante es que ahora estás aquí y puedes demostrarle que está equivocada. La caja es para ella ¿no?

—…Ah, sí. Es sólo… un pequeño detalle —dijo Lilith tratando de liberar la caja de su abrazo y abrir la tapa, dejando un pastel a la vista.

—¡Oh, maravilloso! ¡Seguro le encantará y podrán dejar atrás por fin todos esos malentendidos! Vicky está por la piscina, sería genial que te presentaras con el pastel para que ella pueda distinguirlo a lo lejos y mucho mejor aún si cantaras algo —aconsejó ella con su sonrisa más pronunciada y sus pequeños ojos grises brillando.

—¡Sí, eso puede funcionar! ¡Gracias, Kri!

Se dirigió a la piscina con la confianza al alza y el pastel a la vista, esquivando gente y finalmente deteniéndose, sorprendida del tamaño del lugar y la enorme alberca que abarcaba de un extremo a otro. Vicky parecía estar dando instrucciones cerca de la orilla.

De nuevo sintió aquella efervescencia en su estómago y sus brazos comenzaron a temblarle, temiendo lo que le diría. Finalmente tomó aliento, mantuvo firme la base del pastel y se dispuso a caminar hacia ella, cuidándose de no chocar con nadie ni perder el equilibrio y más importante, no soltar el pastel. Estaba ya a unos pocos metros y su mente seguía en blanco, abriéndose paso entre cuerpos mojados que salían de la piscina o volvían a ella. Estaba ya detrás de la chica cuando comenzó de repente a cantar “Feliz cumpleaños” nerviosamente con voz temblorosa que pronto captó la atención de todos.

Vicky volteó con gesto sorprendido, haciendo vacilar a Lilith en su canto, pero en cuanto vio una sonrisa en sus labios, ella recuperó la confianza y se permitió alzar la voz mientras otros iban uniéndosele. Lilith estaba eufórica, viendo a Vicky feliz ante su gesto, segura de que este sería un nuevo comienzo e imaginando las fiestas que harían para celebrar su amor por Lissen Rox. Se sentía como caminando entre sueños cuando de pronto sintió un empujón por la espalda que la propulsó hacia delante, arrojando el pastel sobre Vicky. Por si no fuera suficiente, al intentar recuperar el equilibrio volvió a trastabillar, apoyándose sobre la chica que acabó resbalando y cayendo a la piscina bajo la mirada horrorizada de Lilith.

—…Ay, no.

Vicky salió finalmente a la superficie y se detuvo de la orilla, con restos de pastel aún sobre ella. Sus ojos enrojecidos y confundidos se encontraron con los de Lilith, incapaz de contener su vergüenza. Hubo una explosión de risas alrededor y Vicky salió enseguida de la piscina y se marchó corriendo de ahí, dejando un rastro de agua a su paso y empujando a quien se interpusiera en su camino mientras Lilith la observaba impotente, con las manos aferradas a la base del pastel que ya no tenía más que merengue pegado a ella.

—¿Qué ocurre ahí dentro? —preguntó Marianne, acercándose a Lucianne y Angie que también se asomaban por la puerta. Vicky salió entonces corriendo, dejando tras de sí charcos de agua mezclada con pastel hecho pasta.

—…Creo que la fiesta ha terminado oficialmente —dijo Angie mientras seguían a Vicky con la mirada hasta perderla de vista arriba de las escaleras.

—…Hey, ¿y tu suéter de capucha azul? —preguntó Lucianne al notar que Marianne llevaba una blusa de manga larga con un chaleco a cuadros.

—Es lo que llevé ayer a la reunión de la escuela —respondió ella con un encogimiento de hombros—… Escuchen, solo venía a disculparme, mi madre llamó y debo volver a casa. ¿Pueden decirle a Demian si lo ven? También a Vicky… si decide bajar de nuevo.

Ambas chicas intercambiaron otra mirada inquisitiva mientras ella se alejaba.

—¿…Lo llevaba puesto ayer? —quiso confirmar Lucianne y Angie se encogió de hombros. Parecía inconsecuente, pero aún creían que algo extraño acababa de ocurrir.


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