Capítulo 20

20. EL GUARDIÁN SECRETO

Lilith permaneció varios minutos fuera de la cafetería, observando la fachada que había vuelto a cambiar de la noche a la mañana y ahora lucía tal y como antes. Deseaba que hubieran decidido regresarse a su país de origen y dejar todo como estaba, pero sabía que era mucho pedir, sobre todo porque desde las ventanas podía ver sus siluetas al interior.

Tomó aliento y finalmente entró al lugar. Por dentro parecía también el mismo de siempre, si no se contaba al ejército de hombres de los sables que prácticamente servían de objetos decorativos para cada mesa, y estos mantenían sus túnicas típicas desentonando completamente con el tema de la cafetería.

—¡Lilith, regresaste! —Mankee salió de pronto de detrás de la barra, como si hubiera llegado a rescatarlo tras sortear innumerables obstáculos en un laberinto de cañerías—. ¡Pensé que no volverías!

—Sí, bueno, pues estuve tentada a no hacerlo —replicó ella cortantemente—. Pero resulta que por más que me esfuerce no logro hacer que aparezca dinero de la nada… aún, así que necesito conservar el empleo por un tiempo más.

—No hay problema, por supuesto que puedes continuar.

—¿…Estás seguro? Porque no parece haber mucho espacio para mí aquí —dijo ella, echándoles otro vistazo a los hombres que casi acaparaban todo el comedor—… Ni siquiera veo a Remy.

—Le dije que podía seguir aquí, pero decidió irse porque “no pensaba seguir siendo parte de esta locura” —explicó Mankee, dando un suspiro de resignación—… Solo quedas tú como conexión al antiguo sitio, por favor no te marches.

Lilith tomó aliento suficiente para inflar el pecho y levantar los hombros. Volvió a mirar a su alrededor como si el sitio fuera un caso perdido y tuviera que pensarlo mucho.

—¿Y por qué no estás en la cocina? ¿Acaso es una labor demasiado indigna para el príncipe?

Mankee bajó la vista, avergonzado, y comenzó a retorcer un pañuelo que llevaba en la mano y que por sus múltiples dobleces y arrugas parecía servirle actualmente como el equivalente de una bola de estrés.

—Eso es lo que piensa Latvi. Dice que la cocina no es lugar para “el príncipe” y que ella se haría cargo de ahora en adelante.

—¡Pues mira tú qué bien! Tienes una prometida atenta que te cocinará y se encargará de hacer todo por ti; debes estar emocionado —espetó Lilith con tono resentido.

—¡No, no! ¡Las cosas no son así! —dijo él, recurriendo a desesperados movimientos de manos—. Huí de mi país precisamente para evitar la boda, y eso no cambiará solo por el hecho de que me haya encontrado.

—Pues las cosas ya han cambiado por si no te has dado cuenta —replicó ella, haciendo un gesto para señalar a su alrededor, con los hombres de los sables ocupando gran parte del espacio y él mismo fuera de la cocina sin tener nada más que hacer. Mankee se quedó callado en silenciosa aceptación.

—¡Príncipe Hisham! Tienes que probar este nuevo sabor de helado que estaremos ofreciendo a los clientes. —Latvi salió de la cocina ataviada con una túnica blanca y con el cabello formando una torre de trenzas decoradas con cadenas de joyas en espiral; llevaba un plato con lo que parecía ser un lirio al centro y por dentro de la flor se apreciaba una bola de helado tan blanca que parecía fosforecer, con chispas doradas como si fueran pepitas de oro—. Es lirio blanco y espuma de mar con chispas de esencia de oro. Es totalmente comestible, te lo aseguro.

—Creo que… he pescado un resfriado, así que… mejor me abstengo de cosas frías —se excusó Mankee, fingiendo tener la voz rasposa y llevándose la mano a la garganta.

—Oh, príncipe, por favor no hagas ningún esfuerzo. Enseguida envío a alguno de los sirvientes a que se ocupe de ti —decidió Latvi, colocándole una mano en la frente a pesar de que él se mostraba renuente y tenso. Lilith entornó los ojos y levantó la barbilla.

—¡…Yo lo probaré! No me da miedo probar cosas nuevas —se ofreció ella con resolución y la chica volteó hacia ella como si apenas notara su presencia. Mankee se dedicó a hacerle señas y a sacudir la cabeza para indicarle que no lo hiciera, pero ella estaba completamente decidida.

—Ah. Te recuerdo. Tú estabas aquí el día que llegamos y cuando remodelábamos el lugar. ¿También eres amiga del príncipe?

—Y socia en el crimen. Me llamo Lilith —se presentó con actitud severa, para demostrarle que no la intimidaba. Latvi iba ya extendiendo la mano y Mankee se apresuró a colocarse por delante, a pesar del claro temor que la chica le producía.

—Ella ya trabajaba aquí desde antes de que ustedes llegaran y desea seguir haciéndolo —intervino Mankee—. Así que… por mandato oficial ordeno que ella sea… capitana de meseros a partir de ahora y sin revocación. —Hizo una pausa, intentando mostrarse recio, aunque internamente temía alguna reacción de la chica, y esta simplemente le dedicó una mirada analítica a Lilith y luego a él.

—Si es lo que desea el príncipe, así se hará sin discusión —dijo Latvi, haciendo una reverencia—. Esperaré en la cocina a que la nueva capitana se presente para sus deberes.

—Yo me haré cargo de eso, no te preocupes —repuso Mankee, y la chica asintió, dedicándole una mirada a Lilith antes de adentrarse en la cocina, tras lo cual él pudo por fin suspirar de alivio.

—Eso no fue tan difícil. No entiendo por qué no puedes simplemente imponer tu voluntad.

—Escúchame bien, no permitas que te toque ni tomes o comas nada de lo que ella te ofrezca, ¿entendido? —le pidió Mankee con total seriedad, tanto que pareciera tratarse de un asunto de vida o muerte.

—…De acuerdo —respondió Lilith con expresión dudosa. Le parecía una reacción demasiado exagerada, pero tomando en cuenta lo asustadizo que se ponía en cualquier situación, decidió darle por su lado.

—Gracias por volver, en serio. Ya empezaba a sentirme nuevamente solitario y atrapado entre cuatro paredes.

—Ohhhh, pobre de ti; qué miserable ha de haber sido tu vida en tu castillo de oro y diamantes con miles de sirvientes a tu disposición —dijo Lilith, cruzándose de brazos—. Aún no te perdono que nos hayas engañado con el cuento de la esclavitud, así que ni esperes consideración de mí. Ahora con permiso, que debo trabajar.

Se marchó a la cocina antes de que Mankee pudiera decir cualquier cosa en su defensa. Aún quedaban miles de cosas que discutir una vez que el grupo llegara.

En cuanto salió de clases, Loui caminó por los pasillos con la vista fija en el piso y en general una postura que denotaba su desánimo. Ni siquiera pareció importarle que el trío de bravucones pasara corriendo junto a él gritándole apelativos nada agradables. Les tenía prohibido que le pusieran un dedo encima, así que no tenía que preocuparse por ello, pero en esos momentos su mente era ocupada en su totalidad por el brutal ataque que había presenciado días antes. Había estado alimentando fantasías sobre convertirse en un superhéroe y formar parte del equipo que su hermana había logrado reunir para combatir el mal. Pero con todo y sus increíbles habilidades y poderes especiales, ni uno solo de ellos acudió en ayuda de aquellos chicos. ¿Cómo esperaba él poder hacer algo si ni siquiera los expertos eran capaces de detenerlo? Porque estaba seguro de que aquel sujeto de ojos amarillos lo había visto al igual que la primera vez, pero por alguna razón había decidido ignorarlo. ¿Tan poco digno de interés era o tan insignificante para él? De acuerdo, quizá no era un oponente adecuado, pero seguía siendo un testigo ocular y que él supiera ningún criminal que se respetara dejaría con vida a alguien que podría más tarde identificarlo y señalarlo… aunque claro, siendo realistas, no había mucho que identificar, el sujeto sabía ocultarse muy bien bajo aquella capucha. Pero el hecho de que lo hubiera dejado marcharse sin ninguna clase de advertencia prevalecía.

—¡Loui!

El chiquillo se detuvo al escuchar su nombre, regresándolo al presente. Estaba ya en la intersección y había estado caminando en línea recta a través del pasillo principal. Samael y Demian se dirigían a él para sorpresa suya, entrando por la puerta lateral.

—Tenemos que hablar contigo —dijo Samael, ambos cortándole el paso.

Loui los miró con expresión de ratoncito asustado. Plantados ante él de aquella forma, lo hacían sentirse diminuto y enclenque a su lado. Notó cómo la mayoría de los estudiantes que pasaban de largo les dedicaban miradas curiosas, como preguntándose qué podrían querer unos muchachos de último año con un chiquillo que apenas iba en secundaria, lo cual le parecía una duda razonable pues por lo que a él respectaba, lo que menos deseaban ellos era involucrarlo en sus asuntos, y por sus caras estaba seguro de que una invitación a unírseles era lo que menos pasaba por sus cabezas en ese momento.

—¿Sobre qué? Yo no he hecho nada —expresó Loui de forma automática, retrocediendo un paso y alistándose para la huída.

—Tranquilo. Solo queremos saber sobre el video que tomaste —dijo Samael con tono calmado.

—Todo lo que necesitan saber está en el video mismo.

—Sí, pero tú estuviste ahí. Tuviste una perspectiva directa de lo ocurrido.

Loui hizo una mueca, renuente a hablar de ello. Demian dio unos pasos hacia él y Loui dio un respingo al recordar que se trataba en realidad de un demonio.

—Viste a ese sujeto de ojos ámbar. Lo tuviste en frente. Tiene que haber algún detalle que haya llamado tu atención.

—E-Estaba muy oscuro. No pude ver nada más que lo que sale en el video —insistió el niño, dando otro paso hacia atrás, intimidado ante su presencia.

—Eso es lo que crees, pero el cerebro humano es capaz de captar detalles que son descartados a primera vista. Todo queda registrado en la memoria. Lo único que tienes que hacer es permitirme acceder a ella y yo me encargo del resto —pidió Samael y Loui frunció el ceño.

—…Quieres introducirte en mi cabeza. De nuevo.

—Será solo por un momento y únicamente para reunir los detalles que no recuerdes o no hayan quedado registrados en el video.

—Si lo haces, luego modificarás mi memoria y quizá intentes sellar todo lo que sé hasta ahora para que no siga entrometiéndome en sus asuntos.

—Sabes que no puedo hacerlo —replicó Samael pacientemente.

—Estamos perdiendo el tiempo. ¿Por qué no simplemente entras a su mente y ya? —intervino Demian en voz baja, verificando que no hubiera nadie más escuchando cerca.

—No puedo si él no me lo permite.

—Como si eso fuera suficiente para detenerte.

—Lo es. La primera vez que intenté modificar la memoria de alguien fue la de él y algo salió mal. Desde entonces solo puedo acceder a los recuerdos que él permite.

—No quiero que entres en mi mente —reiteró Loui con mayor seguridad esta vez, consciente de que tenía la ventaja.

—Por favor, Loui, entiende. En tus recuerdos podría haber algún detalle clave que nos ayude a entender mejor lo que es ese sujeto y a qué podríamos estarnos enfrentando.

—¡Aún así no entrarás a mi cabeza! —repitió el niño con mayor ahínco, y varios estudiantes voltearon hacia ellos.

—…No deberíamos estar hablando de esto justamente aquí. Toma al niño y vámonos —sugirió Demian, cada vez más impaciente ante su negativa.

—No podemos hacer eso, sería un secuestro —replicó Samael y Demian giró los ojos.

—Esto es ridículo —resopló, avanzando hacia Loui, que retrocedió con pavor, y entonces vio un par de figuras aproximándose detrás de Demian.

—¡Oh! ¡Hola! —dijo Vicky con sorpresa cuando el niño corrió hacia ella y sin decir nada, se ocultó detrás, aferrándose a su espalda en busca de protección—. Oh, de acuerdo… ¿Necesitas algo o…? —Al ver a los dos chicos acercarse con apuro, su confusión aumentó—. ¿Hay algún problema?

Samael y Demian intercambiaron una mirada extrañamente cómplice y miraron también de reojo a Addalynn; ella se mantenía a un lado de Vicky sin intervenir.

—Solo queremos hablar con Loui. Es todo —repuso Demian, intentando sonar lo más casual posible. Vicky sintió que el niño se apretujaba más contra su espalda y ella pareció captar el mensaje.

—Pues al parecer él no desea lo mismo. ¿Se puede saber qué asunto tienen con él que parece tan importante?

—…Se trata de algo personal —respondió Demian con tal de no dar más información, aunque lo único que consiguió fue que ella frunciera el ceño.

—¡No pueden obligarme! —dijo finalmente Loui, decidiendo probar otra táctica—. ¡Si se acercan más a mí, diré todo lo que sé!

Demian palideció ante sus palabras.

—¿De qué habla? ¿Hay algo que deba saber? —inquirió Vicky y ante el silencio de Demian, el niño pareció retomar la confianza.

—Quieren usarme de conejillo de indias para uno de sus experimentos en una de sus clases. ¡No lo permitas, por favor! —suplicó Loui en tono tan convincente que Vicky comenzó a acariciarle la cabeza para consolarlo.

—No te harán nada, de mi cuenta corre —dijo ella, dedicando una mirada reprobatoria a ambos chicos—. Debería darles vergüenza torturar a un niño de esa forma.

Samael se limitó a mantener la boca cerrada y Demian gruñó. Loui alzó un poco la cabeza para mirarlos discretamente y apareció en su rostro una sonrisa de regocijo ante el éxito de su táctica.

—…Como digas. Las espero en el auto —finalizó Demian, consciente de que no conseguirían ninguna respuesta con su hermana de por medio.

—Te alcanzamos luego en casa si no te importa. Tenemos… cosas que hacer antes —le informó ella, a lo que él respondió con un resoplido, consciente de que se reunirían a hablar sobre el video sin él.

—…Desde luego. Las veo en casa. —Y se marchó sin mayor preámbulo, dirigiendo antes una mirada de reojo a Samael.

—Listo, ya no tienes nada de qué preocuparte —dijo Vicky, ofreciéndole una sonrisa tranquilizadora a Loui y este enrojeció, soltándose rápidamente de ella como si apenas fuera consciente de su acción. Ella se inclinó un poco para mirarlo a los ojos—. Ya no van a molestarte más, ¿verdad que no?

Samael se mantuvo en silencio todo el tiempo. Más tarde volvería a intentarlo en casa, pero era mejor no insistir más en esas circunstancias.

Loui parecía haber perdido el habla junto con la seguridad. Se limitó a mirarla con ojos muy abiertos, como de ciervo encandilado, balbuceó algo que sonaba remotamente parecido a “gracias” y acto seguido se marchó corriendo de ahí.

—…Ah, vaya, ahí va de nuevo —dijo Vicky, llevándose las manos a las caderas y dando un suspiro, tras lo cual volvió a fijar su atención en Samael—. Bueno, creo que aún nos queda una larga tarde por delante, ¿no es así?

Samael miró a Addalynn, que permanecía impasible a un lado de Vicky. Ella contrajo el rostro brevemente al captar en su mirada que deseaba hablar con ella, ya fuera a solas o en presencia de los demás.

No duraron mucho en la cafetería. Debido a la naturaleza confidencial de la información que necesitaban discutir, decidieron trasladarse a casa de Belgina. Su madre estaba ausente, dedicada a algún nuevo caso en la corte, así que tener el lugar a su entera disposición les caía como anillo al dedo, aunque eso no impidió que Mitchell se manejara cauteloso y precavido, como si en cualquier momento fuera a salirle al paso la mujer para sacarlo a patadas de ahí.

—…Repite eso, por favor. ¿Habías estado viendo a lo lejos a un tipo de capucha gris, que incluso te salvó un par de ocasiones, y en ningún momento se te ocurrió que era algo que todos deberíamos saber? —La voz de Frank resonó en la sala donde se habían reunido todos. Marianne hizo una mueca y mantuvo los ojos fijos en el vaso de refresco que sostenía entre las manos.

—…No se me ocurrió en ese entonces.

—Ah, no se te ocurrió. Por supuesto que no. ¿Por qué nos interesaríamos en un sujeto misterioso que se aparecía sospechosamente un par de segundos para observar nuestros enfrentamientos y después marcharse de la misma forma en que llegó? No es como que fuera, no sé, un potencial demonio espiando nuestros avances para informarle a algún superior. ¡Para nada! ¡Imposible! —replicó Frank, haciendo gala de su tono mordaz.

—Frank, basta —le advirtió Lucianne—. Lo que importa es que nos lo ha dicho ahora para poder hacer algo al respecto.

—¡Sí, claro! Ahora que sale a la luz un video que de pronto le recuerda la existencia de aquel sujeto porque, ¡oh, casualidad! ¡Posiblemente se trate del mismo!

—Tampoco es que haya callado voluntariamente sobre el tema —se justificó Marianne con el ceño fruncido.

—Decirle a tu ángel no cuenta. Se supone que sepa esas cosas, es su trabajo —repuso Frank sin dar su brazo a torcer.

—Yo también lo vi —intervino Lilith, alzando la mano—. Fue el día que atacaron al padre de… —Calló enseguida al recordar que Vicky también estaba ahí, al otro extremo de la mesa del té. Vaciló por un instante hasta que la misma Vicky fue quien habló.

—…Adelante. Soy perfectamente consciente de lo que ocurrió con mi padre ese día, ya no es ninguna sorpresa para mí. —Lilith se mordió el labio con incomodidad, pero ante las miradas expectantes de sus compañeros decidió seguir.

—…Marianne cayó del balcón después de forcejear con Hollow. Yo me acerqué corriendo en cuanto este desapareció y al mirar hacia abajo, vi que este sujeto de gris la había recibido en brazos. Por extraño que parezca no caí en cuenta al instante de lo raro de la situación: un sujeto ajeno a nosotros apareciendo de la nada y desvaneciéndose de la misma forma.

—¿Y por qué no mencionaste nada después? —la cuestionó Frank, y ella tartamudeó.

—…Honestamente no lo sé. Fue como si mi mente decidiera tan solo dejarlo pasar; teníamos preocupaciones más importantes en ese entonces.

—…Quizá esa sea una característica especial de aquel sujeto —supuso Samael, pensando detenidamente en ello—. Dejar en segundo plano su avistamiento, como si careciera de importancia; de manera que incluso si intentamos recordarlo, lo único que conseguimos es un manchón borroso en la memoria.

—Y, sin embargo, ahora que ha sido captado en video bien que lo recuerdan —espetó Frank sin estar dispuesto a dejarlo pasar.

—No podemos estar seguros de que es el mismo, simplemente me lo recordó por el hecho de llevar una capucha gris —aclaró Marianne.

—Creo que si algo hemos aprendido hasta ahora es que en este tipo de cuestiones no existen las coincidencias —le reviró Frank, y ella hizo una mueca, como si se mordiera el interior de la boca, incapaz de discutírselo.

—Si se trata de un demonio, ¿entonces por qué ayudaría a Marianne? —preguntó de pronto Vicky, y Samael se puso tenso.

—Porque tenía que hacerlo —dijo Belgina, y los demás la miraron confundidos, tratando de entender su razonamiento—… ¿No recuerdan? Se supone que debíamos morir a manos de… —Hizo una pausa al recordarse que no debía mencionar a Demian con Vicky ahí presente—…el heredero de la Legión de la Oscuridad. Por lo tanto, no era conveniente que ella corriera el peligro de morir de otra forma.

Los demás asintieron ante su lógica e incluso Samael intento convencerse de que aquel era un argumento razonable, aunque Marianne no pudo evitar tener dudas.

—Al parecer conservas muy buena memoria de ese entonces, Belgina. Creía que esos recuerdos eran como medio difusos para ti —comentó Lilith a la ligera.

Belgina se sonrojó al mirar de reojo a Mitchell y apartó la vista con las mejillas cada vez más encendidas.

—¡Bueno, pero no nos desviemos del tema! —intervino Mitchell—. El tipo de gris. ¿Cómo lo atrapamos y cómo nos aseguramos de que es un demonio?

—Me parece que el hecho de que ataque a gente inocente es suficiente prueba —espetó Frank con un resuello tal que si hubiera estado fumando en ese momento habría sacado una fumarola por la nariz.

—Bueeeeeno, si a esas vamos, tampoco podemos estar cien por ciento seguros de que las víctimas sean del todo inocentes.

—¿Qué insinúas entonces? ¿Que se trata de un vigilante enmascarado que se ha tomado la justicia por su propia mano y ha decidido limpiar las calles de la ciudad de delincuentes juveniles? —volvió a replicar Frank con una risa ahogada.

—No tergiverses mis palabras, siempre lo estás haciendo —refutó Mitchell—. Solo digo que ni siquiera tenemos evidencia. Samuel dice que acudió al lugar que aparece en el video y no había señales de lucha ni rastro o residuo de energía alguna. Si las víctimas siguen por ahí, en alguna parte de la ciudad, tendríamos que identificarlas primero y la calidad del video ni siquiera hace eso posible.

—Tú eres bueno con las computadoras —dijo Lucianne, volteando hacia Frank que, al contrario de los demás, sentados cómodamente en el suelo, se mantenía en cuclillas como si estuviera preparado para levantarse de un salto en cuanto perdiera la paciencia, como solía ocurrir con frecuencia—. Quizá podrías procesar el video y ver si es posible aclarar sus rostros.

—…Puedo intentarlo —aceptó él, modulando su tono de voz al dirigirse a ella.

—¿Tú qué dices, Samuel? —preguntó Marianne al ver que él permanecía en pose pensativa. Este dirigió una mirada a Addalynn, que se había mantenido en silencio durante todo ese tiempo, y decidió que era hora de traer a colación la nueva información recibida.

—…Me interesa escuchar la opinión de Addalynn en este asunto —dijo Samael para evaluar su reacción y ella se limitó a levantar la mirada—. ¿Se toparon en algún momento con algo así? Quizá sepas algo que nosotros no… Información de alguna fuente especial.

Addalynn entornó los ojos ante su extraña referencia y Vicky pasó la vista entre los dos, esperando por una respuesta.

—No nos topamos jamás con un algún demonio con esas características —intervino Vicky al ver que ella no respondía—. Creo que ya les había contado. Supongo que nuestra mejor oportunidad en estos momentos sería intentar identificar a los chicos atacados.

—¿Por qué no acudir a quien tomó el video? —insistió Mitchell.

—Supongo que hablaremos con él cuando volvamos a casa —respondió Marianne, meneando la cabeza con desaprobación solo de recordar la acción temeraria de su hermano.

—¿Fue tu hermano quien tomó el video? —preguntó Lucianne pareciéndole un motivo de preocupación.

—¡El enano es realmente de cuidado! Tiene los pantalones muy bien puestos para un niño de doce años. Algunas personas aquí presentes podrían aprender algo de él.

—¡No es algo para sentirse orgulloso, Frank! Podría haberle ocurrido algo —le espetó Lucianne con reproche mientras Vicky parecía empezar a conectar los puntos.

—¿…Es por eso que intentabas hablar con él después de clases? —preguntó ella y Marianne dirigió una mirada inquisitiva a Samael—. Si es así, ¿por qué estaba mi hermano contigo? Él no tendría por qué saber nada de esto…

El gesto interrogativo de Marianne se acrecentó. ¿En qué momento habían decidido de pronto aliarse a sus espaldas y emboscar a su hermano? Pero no podía interrogarlo, debía contenerse mientras Vicky estuviera presente, y ahora que había empezado a establecer las conexiones, el secreto de Demian peligraba. Debía pensar en algo rápido, pero su mente se había puesto en blanco.

—…Hay que tener cuidado con los demonios de ojos ámbar —dijo de pronto Addalynn y todas las miradas se posaron en ella, sorprendidos ante su inesperada intervención que de inmediato desviaba su atención. Había sido tan oportuna y deliberadamente intencional que Marianne dio un suspiro de alivio y agradecimiento.

—¿No dijeron que nunca llegaron a ver un demonio con esas características? —preguntó Samael más que puesto a seguir en esa línea.

—Y nunca lo hicimos. Solo doy mi opinión; es lo que pedías, ¿no? —repuso Addalynn sin dar mayores explicaciones, pero él no parecía dispuesto a dejarlo pasar en esta ocasión.

—¿Has escuchado hablar de los óbitos? —Ella frunció levemente el entrecejo a la vez que Marianne lo miraba de nuevo, confusa ante su insistencia por interrogar a Addalynn y sobre todo tratándose de aquel tema. Los demás habían decidido callar para ver a dónde quería llegar con eso—. Son responsables de transportar las almas de los seres humanos al plano espiritual. Son invisibles al ojo humano excepto para seres igual de extra-terrenales que ellos. Como demonios. O ángeles. Seres como yo.

Una tenue sonrisa fue apenas perceptible en el rostro de Addalynn, aunque pareciera aún reacia a mostrarse colaborativa.

—Ah, ¿sí? Pareces saber mucho sobre ellos, pero no entiendo eso qué tiene que ver conmigo —replicó ella como si estuviera retándolo a continuar.

—Yo creo que lo sabes —insistió Samael, mientras los demás parecían completamente perdidos.

—…De acuerdo, ¿podría alguien explicarnos qué está pasando aquí y a qué se debe toda esta repentina discusión sobre estos seres llámense como se llamen y con quienes no tenemos relación alguna? —preguntó Mitchell, convirtiéndose en portavoz de la confusión total que reinaba entre los demás. Samael esperó a que la misma Addalynn dijera algo, pero esta solo le sostuvo la mirada por unos segundos hasta ponerse de pie.

—Creo que por hoy hemos terminado —dijo ella sin molestarse en hacerle señal alguna a Vicky pues esta enseguida fue tras ella.

—…Tendrás que explicarme varias cosas cuando lleguemos a casa —murmuró Marianne, y aunque él sabía que tendría que hacerlo, necesitaba primero cerrar ese asunto bajo sus propios términos.

Vicky y Addalynn regresaron a casa en completo silencio. En Addalynn era una actitud de lo más normal, pero en Vicky resaltaba su confusión en esos momentos. En varias ocasiones había volteado hacia Addalynn con ojos ansiosos y la boca abierta a punto de decir algo, pero terminaba por cerrarla de nuevo. Mientras tanto, Addalynn tampoco hacía nada por alentarla a continuar. Fue hasta que se hallaron al pie de las escaleras que Vicky hizo otro intento por hablar.

—¿Tuvieron problemas para regresar a casa? —Fue la voz de Demian la que se escuchó, interrumpiéndola. Estaba de pie en la segunda planta, observándolas como si esperase ver en sus rostros (al menos en el de Vicky, dada la inexpresividad de Addalynn) algún indicativo sobre lo que habrían hablado durante su reunión.

—…No, no. Ninguno en absoluto —respondió Vicky, tratando de sonreír y subiendo los escalones que faltaban sin esperar a Addalynn.

Se detuvo junto a Demian y le dirigió una mirada expectante, las palabras pugnando de nuevo por salir, pero sin poder formar ninguna frase que expresara el embrollo que tenía en la mente. Demian le devolvió la mirada, quizá preparándose para lo que eventualmente sería el momento de la verdad.

—¿…Ocurre algo? —preguntó él y ella solo mostró una sonrisa agotada.

—No, solo… estoy algo cansada. Estaré en mi habitación.

Demian la observó alejarse en silencio. Si había empezado a cuestionarse algunas cosas, no podía hacer nada al respecto. No mientras no se atreviera a preguntarle directamente. Esperó a perderla de vista y entonces bajó en dirección a Addalynn, bloqueándole el paso.

—¿Te importa? Yo también quisiera descansar un poco —dijo ella, haciéndole un gesto para que se apartara, pero él no lo hizo.

—Tenemos que hablar.

—Hablemos mañana —replicó ella, dando un paso lateral para pasarlo de largo, pero Demian hizo lo mismo para impedírselo.

—El despacho. Ahora.

Addalynn le sostuvo la mirada con expresión retadora, hasta finalmente girar los ojos y darse la vuelta. Unos minutos después ya estaban en el despacho; ella tomó asiento en uno de los sillones frente al escritorio mientras Demian se aseguraba de que nadie (Vicky) los hubiera seguido y cerraba la puerta con cuidado.

—Espero que sea rápido, tengo otras cosas en qué ocuparme —dijo Addalynn con indiferencia. Demian avanzó en el despacho hasta quedar de pie frente a ella.

—Creo que he sido amable y considerado contigo durante el tiempo que has estado aquí, ¿no es así? Incluso sabes cosas de mí que no cualquiera —comenzó a decir Demian. Addalynn se limitó a observarlo desde su asiento mientras él empezaba a caminar de un lado a otro, inquieto—. Lo único que pido es algo de honestidad a cambio. Estar seguro de que no estás aquí para ponerme a prueba o guiarme a algún tipo de trampa.

—¿Por qué haría algo así?

—Eso tú dímelo —espetó Demian volviendo a parar frente a ella, esperando que se dispusiera a hablar, pero Addalynn ni se inmutó.

—¿Qué se supone que debo decir?

Demian dio un resoplido impaciente, pero aun así trató de mantener la calma.

—Tú viste al sujeto vestido de negro el día que pasamos por el hospital. Lo viste tan claro como yo.

—No veo qué tenga eso de especial —dijo ella, encogiéndose de hombros.

—Es un óbito. Nadie más puede verlo. Ni siquiera los demás.

—…No sé qué quieres que te diga —respondió ella con expresión inmutable y Demian sentía perder la cabeza.

—¡La verdad, Addalynn! ¡Quiero saber la verdad! ¿Qué eres y a qué viniste?

—Tú ya sabes lo que soy —dijo ella, entornando los ojos—. Soy una Angel Warrior.

—Yo creo que eres algo más que eso —insistió Demian y en ese momento un destello en medio de la habitación los obligó a voltear. Samael se materializó enfrente de ellos—… Excelente, lo que faltaba.

—Supongo que he llegado a tiempo —comentó Samael y Addalynn miró a uno y luego al otro.

—¿Qué es esto? ¿Se pusieron de acuerdo para interceptarme como con el niño? Se me hace una táctica muy inmadura de su parte.

—No nos hemos puesto de acuerdo; ni siquiera sabía que se iba a aparecer en medio de nuestra conversación —repuso Demian, lanzándole una mirada de reproche a Samael, que este decidió ignorar para darle prioridad a la razón que lo había conducido hasta ahí.

—Dejamos un tema inconcluso en la reunión —dijo Samael, mirando fijamente a Addalynn, que parecía ya harta.

—¿Solo uno? Pensé que ese era el protocolo: dejar temas sin cubrir en cada reunión —replicó ella con tono displicente.

—Supongo que ya Demian habrá estado hablando contigo sobre ello —continuó Samael sin tomar en cuenta su tono y reconociendo por fin la presencia de Demian—. Así que no lo repetiré, solo quiero esta vez escucharlo directamente de ti.

Addalynn no respondió; permaneció sentada, con la vista fija hacia el frente, y la poca paciencia que le quedaba a Demian comenzaba ya a desmoronarse.

—¡Responde de una vez! ¿Por qué puedes ver a esos seres que nadie más que quienes no son humanos puede? —repitió Demian, esperando por fin obtener una respuesta de ella, pero no hubo más que silencio de su parte, por lo que Samael decidió abordarla de otra forma.

—…Eres un ángel como yo. —Addalynn devolvió por fin la mirada hacia él, inexpresiva, pero con el interés suficiente para que Samael decidiera continuar—. Por eso sabes tantas cosas y no pareces tan sorprendida cada que disponemos de información nueva. Prefieres mantener silencio para que nadie haga preguntas de más. Pero ¿por qué ocultarlo ahora que ya todos saben sobre mí? No existe diferencia alguna.

Addalynn no pronunció palabra. Sin embargo, su expresión había pasado por un cambio que la hacía parecer más escrupulosa, como si analizara las formas de salir de ello.

—…Vicky no lo sabe, ¿cierto? No tiene idea de lo que eres. ¿Es por eso que has preferido callarlo? —Addalynn siguió sin hablar, pero para Samael ya no era necesario, ya lo había resuelto. Muchas cosas que antes le confundían sobre ella ahora cobraban sentido. Demian, por su parte, había decidido hacerse momentáneamente a un lado para ver cómo se desarrollaban las cosas—… Tú fuiste quien le dijo lo que era. Has permanecido junto a ella desde el principio. Eres… eres su guardián, ¿no es así?

Addalynn miró hacia la ventana y se quedó observándola por varios segundos, como si estuviera decidiendo qué responder, y aún cuando no lo hiciera, Samael estaba convencido de que estaba en lo correcto. Era no solo un ángel, sino también guardián como él; por eso sentía aquella fuerza que lo atraía hacia ella. La idea de tener a alguien similar a él tan cerca le emocionaba y a la vez le intrigaba. ¿A qué clase de información habría sido expuesta? Quizá incluso supiera más cosas que él. ¡Tantas nuevas posibilidades!

—¿…Le dirán? —Addalynn habló finalmente. Samael se sintió aliviado pues aquello significaba al menos una confirmación implícita.

—No creo que nos corresponda a nosotros hacer tal cosa. Debes hacerlo tú cuando te sientas lista —respondió Samael.

—Pero igual les dirás al resto.

—Será mejor si no quieres que hagan preguntas que no quieras responder y que sean motivo de mayor sospecha para Vicky. —Addalynn dio un suspiro que tomó a ambos por sorpresa al considerarlo fuera de su carácter.

—Si así tiene que ser entonces —concluyó ella, levantándose eventualmente.

—¿Eso es todo? ¿No dirás nada más al respecto? —preguntó Demian, incrédulo ante su falta de reacción o explicación alguna—. Todo este tiempo has estado ocultando lo que eres y evadiendo preguntas. No puedes seguir haciéndolo ahora que por fin lo sabemos.

—No tengo nada más qué decir —respondió ella, llegando a la puerta, y al abrirla se topó con Vicky, con el brazo alzado a punto de tocar.

—Yo… los busqué en sus habitaciones y no los encontré así que… —balbuceó Vicky, notando que también Samael y Demian estaban presentes. Parpadeó con expresión aturdida—. Esto es… es curioso, pero… ¿me creerían si les dijera que nunca llegué a imaginarlos juntos en el mismo lugar? Así que cuando los vi después de clases con ese niño… —Volvió a callar. Su rostro reflejaba la cantidad de preguntas que la inundaban.

—Dejémoslos solos. Creo que necesitan hablar de cosas de chicos o algo así —dijo finalmente Addalynn, indicándole con la cabeza que la siguiera. Vicky dirigió una mirada a ambos chicos antes de seguirla sin hacer más preguntas.

Demian y Samael se quedaron en el despacho sin hablar por varios minutos, sumergidos en sus propios pensamientos sobre las implicaciones de la verdadera identidad de Addalynn.

—¿Por qué deseas tanto saber sobre los óbitos? —se animó a preguntar Samael—. ¿Es solo porque piensas que el del hospital te reconoció de cuando eras pequeño?

—…Marianne también te dijo sobre eso —replicó Demian, claramente disgustado de que él estuviera informado sobre aquellos detalles—. Yo podría preguntar lo mismo. Si ya sabías anteriormente sobre su existencia, no veo por qué de la noche a la mañana te haya nacido tal interés por ellos.

—Digamos que no fue agradable enterarme que había un óbito presente el día del percance con Marianne —respondió Samael y Demian se limitó a asentir. No estaba dispuesto a compartir su deseo secreto de averiguar sobre su madre, si es que aquel óbito se había topado alguna vez con ellos cuando era apenas un bebé—… Los óbitos procuran no cruzarse en el camino de ángeles y demonios, y estos normalmente suelen ignorarles también. Siempre ha sido así. Cada quien se ocupa de su propio terreno e intereses. La lucha entre el plano superior y la Legión de la Oscuridad no le incumbe al plano obitual y prefieren mantenerse al margen.

—¿Por qué me dices esto?

—Porque quizá le estés dando demasiada importancia a un hecho fortuito. Y si el óbito tampoco parece dársela, tal vez debas empezar a buscar otro medio para resolver tus dudas, cualesquiera que estas sean.

—Yo decidiré eso. Y creo que es hora de irte —espetó Demian, cruzándose de brazos en postura inflexible, transmitiéndole que no podía llegar a su casa y decirle qué hacer. Samael asintió, entendiendo que no tenía nada más que hacer ahí, y desapareció con un destello que obligó a Demian a cerrar los ojos y frotárselos—… Luz de ángel. Qué molestia.

Samael volvió al ático y se encontró con que Marianne ya estaba sentada en su cama en actitud de haberlo estado esperando por un largo rato.

—Vas a explicarme qué hacían Demian y tú yendo detrás de mi hermano, y de aquí no me moveré hasta que lo hagas —le advirtió ella con los brazos cruzados. Samael suspiró, consciente de que no lo dejaría pasar.

—…Necesitaba identificar al óbito con el que se ha topado varias veces y a cambio él necesitaba más detalles del sujeto del video —respondió Samael sin entrar en más detalles y Marianne frunció el ceño, pero antes de que pudiera hacer más preguntas, él decidió soltarle la siguiente bomba—… Y hace un momento estuve en su casa. Tenía que hablar con Addalynn.

—¿Por qué querías hablar con ella? ¿De qué se trata todo esto? ¿Ella qué tiene que ver?

—¿Recuerdas que te había dicho que no era extraño que Demian pudiera verlos siendo un demonio? Lo mismo aplica para mí, pues soy un ángel… y de hecho vi al óbito del que hablaba —comentó Samael de pasada, sin darle tiempo para que hiciera preguntas—… El caso es que al parecer también Addalynn lo había visto.

Marianne parpadeó con expresión confusa, tratando de unificar toda aquella información en algo que tuviera sentido para ella.

—¿…Cómo están seguros siquiera que de verdad lo vio? Ella nunca dice nada, no responde preguntas. Si los óbitos son invisibles al ojo humano, ella no debería ser capaz de…

—Exacto, no debería —dijo Samael y ella hizo silencio, dejando que aquella idea terminara de asentarse en su mente.

—¿Estás diciendo que ella es…?

—Un ángel. Como yo —volvió a completar él. Marianne apretó las manos y dejó que su mente se abstrajera.

Era la respuesta más lógica, ¿cómo no lo había visto antes? Por algo le recordaba en algunas ocasiones a Samael. Aquella apariencia de perfección más allá de lo terrenal, el halo sobrenatural que la rodeaba, el hecho de que pareciera saber con anticipación muchas cosas y sin embargo se negara a participar de sus discusiones. Su ostracismo solo contribuía a aumentar el misterio que ella representaba. Y si a eso le sumaba que todo el tiempo estaba pegada a Vicky…

—Cuando dices que es como tú… ¿te refieres a que es del mismo tipo de ángel que tú?

—Es guardián de Vicky… pero ella no lo sabe aún.

Marianne necesitó otro momento para asimilar aquello. Hasta entonces se había acostumbrado a la idea de ser la única del equipo cuyo ángel guardián se había materializado, y ahora no sabía cómo tomar la inclusión de otro más, y sobre todo el que su protegida no estuviera enterada siquiera. Se le hacía demasiado complicado, ¿por qué guardarle el secreto a quien supuestamente debía proteger?

—Y supongo que no debemos decirle nada hasta que ella misma lo haga.

—Es algo personal y un lazo único; ella es quien debe hacerlo.

—Entiendo eso —afirmó Marianne con un suspiro, sin dejar de pensar en la relevancia de aquella información—… Supongo que ahora que no es un secreto lo que ella es, estará más dispuesta a compartir sus conocimientos al menos contigo; después de todo son de la misma especie.

—Pues… no estoy seguro si aun así lo hará —dijo Samael, ladeando la cabeza—. No aceptó ni negó nada, se limitó a preguntar si se lo diríamos a Vicky. Supongo que ha pasado tanto tiempo manteniendo sus secretos para ella misma que necesitará un poco más antes de que decida compartirlos.

—…Aún no me cabe en la cabeza cómo consiguió guardarle el secreto a Vicky todo este tiempo. Es decir… tendría que haber sido algo obvio para ella, ¿no? Chica extraña se le aparece de la nada, le dice lo que es, la guía a partir de entonces en su lucha, sabe más cosas de las que admite. Debió parecerle sospechoso en algún punto.

—Bueno, siendo justos, las demás también pensaron eso de ti al principio. Quizá la noción de que pudiera haber un ángel real a su lado no le parecía posible hasta antes de conocerme a mí —supuso Samael.

—¿Cómo lo tomó Demian? —preguntó ella, y las cejas de Samael se torcieron, confundido ante la pregunta.

Escucharon entonces unos pasos subiendo las escaleras y en cuestión de segundos la puerta se abrió. Enid se asomó furtivamente, como si estuviera en busca de un ladrón.

—…Oh, aquí estabas. Te busqué en tu habitación —dijo ella con una sonrisa que parecía forzada, mirando a Samael y luego a ella con un dejo paranoico.

—Platicaba con Samuel —respondió Marianne como si no fuera gran cosa y la sonrisa de su madre se ensanchó más allá de la elasticidad de su piel.

—Espero que no haya ningún problema en la escuela… ¿Podrías venir un momento conmigo? Necesito tu ayuda con algo. —A continuación, dedicó otra sonrisa poco natural a Samael y salió de ahí. Los dos se miraron confundidos y Marianne tan solo se encogió de hombros y se dirigió a la puerta.

—Ni se te ocurra interrogar a Loui sin que yo esté presente —susurró ella al pasar a su lado. Su madre la esperaba al pie de las escaleras del ático. Su rostro pretendía aparentar que no había nada de qué preocuparse, pero su postura indicaba lo contrario. Posando el brazo sobre sus hombros, la condujo a su habitación y tras sentarse en la cama, le indicó con una seña que hiciera lo mismo, lo que a Marianne le pareció cada vez más extraño.

—…Bien, no sé cómo hablar de esto —comenzó su madre con un tono que era cada vez más difícil de identificar—. Ya tienes dieciséis años y, como sabrás, tu padre y yo decidimos fugarnos a esa edad.

—Oh, dios, por favor, no ESA plática —interrumpió Marianne, llevándose las manos al rostro en ademán incómodo.

—Solo escúchame, por favor —replicó su madre, bajándole las manos para que le prestara atención—. Sé que es una edad difícil: esa sensación constante de que todo mundo está en tu contra, que nadie te entiende, las hormonas… Créeme, yo también pasé por eso.

Marianne solo levantó una ceja y se mordió la lengua para no decir alguno de sus comentarios sarcásticos como “¿Hablas de un pasado remoto o tan reciente como ayer que te quejaste de que no te teníamos la menor consideración?”. Su madre, sin embargo, continuó con su discurso sin fijarse en las caras que ponía.

—…Y también por eso mismo sé lo que una chica de tu edad podría llegar a sentir cuando se introduce un cambio en su dinámica familiar, por ejemplo, que de la noche a la mañana pase a compartir techo con alguien nuevo, y más si este resulta ser un muchacho más o menos de su edad y bastante atractivo…

—Espera un momento, ¿qué estás insinuando? —Marianne la interrumpió nuevamente, estrechando los ojos, esperando que no estuviera pensando lo que creía.

—Tranquila, querida, créeme que lo entiendo, pero quería dejar en claro lo inapropiado que sería. No debes perder de vista que se trata de tu primo.

—¡Por dios, no! ¡Lo has entendido mal! ¡No lo veo de esa forma! ¿De dónde has sacado una idea así?

—Comentarios de tu hermano me han dado a entender que quizá estés pasando demasiado tiempo con él, y aunque asegures que no lo ves de esa forma, necesitaba dejarlo en claro contigo —respondió su madre y Marianne puso los ojos en blanco. Era claro que su hermano había usado aquella treta como advertencia para que no se acercaran a él o intentaran sonsacarle información por la fuerza. El pequeño monstruito volvía a hacer de las suyas y no podía advertirle a su madre que solo la estaba manipulando—… Incluso me siento un poco hipócrita diciéndote esto, después de lo de Noah y yo.

—Eso no tiene nada qué ver, mamá.

—Pero sí lo tiene. Creo que ahora puedo entender un poco mejor a mi hermano —continuó su madre dando un suspiro y Marianne alzó la vista hacia ella con gesto inquisitivo—… No se suponía que supieran esto, pero Noah estuvo viviendo una temporada aquí con nosotros antes de que nos fugáramos.

—¿…Aquí? ¿Qué…? —Marianne dijo con sorpresa, dando un rápido vistazo a su alrededor como si fuera a ver una proyección del pasado. Comenzó a imaginarse los motivos por los que había hecho la conexión (aunque errónea) de ambos casos. Su madre se dio cuenta de que ya hacía suposiciones, así que se apresuró a aclarar las cosas.

—Oh, no, no es que fuéramos familiares o algo por el estilo. Solo que hubo una época en que no la pasó nada bien. Como ya sabes, sus padres murieron mucho tiempo antes de que nacieras y no había nadie más que se hiciera cargo de él —explicó su madre—. Éramos amigos, así que convencí a tu tío de que le permitiera quedarse un tiempo en casa mientras se resolvía su situación. En ese tiempo él recién se había casado y eso le había suavizado la actitud, así que terminó aceptando. Noah estuvo viviendo con nosotros unos meses, ocupando justamente la habitación del ático.

Al decir esto fijó la vista en el techo como si pudiera verlo en su memoria, y Marianne siguió su ejemplo, sin poder dar crédito a lo que estaba escuchando.

—Al verte ahí platicando con Samuel me hizo recordar todas las veces que yo misma subía a escondidas y nos quedábamos hablando hasta altas horas de la noche.

Al notar la cara que ponía Marianne, se apresuró a aclarar ese punto.

—No pienses mal. Durante todo el tiempo que estuvo aquí, Noah fue muy respetuoso. Queríamos hacer las cosas de la manera correcta, y cuando Lucianne nació le hablamos a Red sobre nuestra intención de casarnos al graduarnos. Obviamente no lo tomó nada bien y amenazó con enviarme a estudiar a un internado ya que aún tenía mi custodia. Y fue así como decidimos finalmente fugarnos… y unos meses después llegaste tú.

Marianne la contempló, preguntándose si habría algo de arrepentimiento en sus ojos, sobre todo ahora que su matrimonio había acabado.

—…Supongo que no es de extrañar que mi hermano decidiera desentenderse de esta casa tras lo ocurrido y mudarse a una propia —agregó su madre con un largo suspiro—. Muchos malos recuerdos para él: la muerte de nuestros padres y además mi huida… Pero aun así la dejó a mi nombre. Quizá tenía la esperanza de que algún día regresara, y mira que finalmente lo hice.

Con razón el comandante Fillian no parecía tragar a su padre. Después de todo, a sus ojos había traicionado su confianza al huir con su hermanita.

—¿…Por qué hasta ahora me lo dices?

—Ya te dije, porque ahora entiendo la preocupación a la que sometí a mi hermano en ese entonces al tomar una solución fácil. No quisiera que llegaras a cometer el mismo error.

El lado extremista de Marianne consideraba que ella y su hermano eran parte de ese error, pero sacudió la cabeza para sacarse aquel pensamiento de la mente.

—Pierde cuidado porque no veo a Samuel de esa forma.

—Está bien. Solo tenía que decírtelo. Pensé que ya era hora de que lo supieras —concluyó su madre, pasándole la mano por el cabello con una sonrisa algo triste, como si el hablar de ello le hubiera reavivado la nostalgia, y quizá también la añoranza por su padre. Marianne se limitó a asentir, evitando hacer cualquier otro comentario.

Su madre se levantó y salió de la habitación mientras Marianne no se quitaba de la cabeza a su padre viviendo en el ático, meses antes de fugarse con su madre, lo que significaba que algunas de las cosas que encontraron ahí habían pertenecido a él en algún momento. Quizá si revisaban más a fondo hallarían más objetos que podrían ser de utilidad.

Se recostó en la cama con expresión meditabunda. Aún había algo que deseaba resolver cuanto antes. Tomó su celular y rebuscó entre sus contactos.

—¡Hola! ¿Hay algún problema? —respondió Lucianne, pareciéndole raro que llamara en vez de enviar un mensaje como usualmente hacía.

—No, no, todo está bien. Solo… necesitaba pedirte un favor.

Claro, solo dime.

—Sé que a Frank no le significa ningún problema buscar información sobre las personas, y me preguntaba si podrías pedirle de favor que investigara algo por mí.

Por supuesto, aunque podrías pedírselo tú misma.

—Ambas sabemos que solamente hará lo que tú le digas, aunque no le suponga ningún beneficio —replicó Marianne y del otro lado de la línea solo escuchó un “mmmhh” por parte de su prima—. Necesito que averigüe lo que pueda sobre una mujer llamada Elsbeth Marie Grenoir, fallecida hace como 18 años. ¿Necesitas que te lo deletree?

No, así está bien, ya lo tengo.

—Bien… Necesito también que investigue cualquier posible conexión con mi padre —agregó con incomodidad, y tras un instante de silencio del otro lado de la línea en el que se la pasó repitiendo como mantra en su cabeza “Por favor, no preguntes. Por favor, no preguntes”, finalmente Lucianne respondió con un inseguro “Está bien”. Al final se despidieron y ella apartó el teléfono; una sensación de calma la recorrió ahora que había tomado un paso para saber quién era aquella mujer y por qué su padre visitaba su tumba.

—¿Quién es Elsbeth Grenoir? —preguntó Samael apareciendo detrás de ella, ocasionándole un leve respingo.

—…No sé —respondió ella, como niña atrapada en una travesura—. Quizá no sea nadie. No tiene importancia. —Samael no parecía convencido ante su respuesta así que trató de cambiar de tema—. Oye, ¿recuerdas todas esas cajas viejas en el ático? Las guardaste en el armario camuflado, ¿verdad? ¿Podrías sacarlas uno de estos días? Me gustaría revisar su contenido.

—Si eso es lo que quieres —aceptó Samael con un encogimiento de hombros—. Empezaré a sacarlos. Pero primero quisiera hablar con Loui.

—Lo veo un poco difícil dado que lo de hace rato fue obra del pequeño gusano. Una advertencia para dejarlo en paz.

—¿Hace rato? —repitió Samael, como si ya hubiera olvidado por completo el pequeño acto de su madre en el ático, y como no estaba dispuesta a explicarlo, prefirió darle el gusto y tomar el riesgo con su molesto hermano.

—…Bien, si tanto insistes, hagamos el intento.

Loui estaba completamente inmerso en una de sus historietas cuando un destello lo obligó a posar la vista en el centro de su habitación, donde vio aparecer a Marianne y Samael. Antes de que dijeran cualquier cosa, él apartó la revista y con un rápido movimiento tomó de su buró un pequeño megáfono que parecía sacado de alguna colección de juguetes especializados.

—Alto ahí si no quieren que llame a mamá. Haré un escándalo tan grande que los vecinos pensarán que el día del apocalipsis ha llegado —les advirtió Loui, manteniendo el megáfono cerca de su rostro, con el dedo firme sobre el conmutador. Marianne tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no echársele encima.

—Por favor, entiende que se trata de algo importante —intervino Samael.

—¡Así es! ¡Es mi cabeza! ¡No quiero que entres en ella y juegues con mi mente!

—No haré nada de eso. Ya no puedo intervenir en tu mente. Solo veré lo que tú me permitas. Lo hiciste durante mucho tiempo, ¿lo olvidas? Conseguiste hacernos creer que no conservabas ningún recuerdo sobre mí canalizando tus pensamientos en lo que deseabas que yo captara —explicó Samael con total calma y al ver que Loui parecía comenzar a dudar, Marianne aprovechó la ocasión para hacer un movimiento con la cabeza y el megáfono salió volando al instante lejos del niño.

—¡Hey, eso es trampa! —se quejó él y Samael se adelantó antes de que intentara ir de nuevo por el megáfono.

—… Por favor, Loui. Todo el tiempo estás pidiendo una oportunidad para demostrar que puedes sernos de ayuda. Pues ahora es el momento. En tus recuerdos puede haber información vital para nosotros.

Tras un largo rato meditándolo, finalmente el niño emitió un resoplido de resignación y dejó caer los hombros en postura derrotada.

—¿Prometes que no manipularás mi mente de ninguna forma?

—¿Permitirás entonces que acceda a tus recuerdos?

—Prométeme primero que no me harás ninguna lobotomía —exigió Loui y Samael asintió con firmeza. El niño tomó aliento, y tras coger su celular del buró, comenzó a revisarlo a la vez que encogía las piernas en la cama—. Solo cinco minutos. Tomaré el tiempo y en cuanto suene la alarma, se acabó.

—¿Justo ahora? Prometí a Demian que estaría presente cuando revisara tus recuerdos.

—Más tarde podría arrepentirme, así que tiene que ser ahora. Lo tomas o lo dejas —dictaminó el niño, asegurándose de al menos tener la sartén por el mango en ese sentido. Samael miró a Marianne como si ella fuera la única que pudiera solucionar eso, y aunque ella le dedicó una mirada severa indicando que aún no estaba convencida sobre aquel acuerdo que habían hecho, sacó su celular.

—…Le llamaré.

—Bien, preparémonos mientras —dijo Samael, dejando que Marianne se ocupara de ello—. Tienes que estar cómodo y relajado. Recuérdate a ti mismo que me estás dando permiso para acceder a tu mente.

—Sí, sí, solo terminemos con esto de una vez —replicó Loui enderezando su espalda, apoyándola sobre sus almohadas. Marianne volvió tras su breve momento al teléfono y por su expresión, parecía preocupada.

—…No contesta, me envía a buzón.

—¿Ya intentaste de otra forma?

—Podría llamar a su casa, pero si Vicky contesta y él no está ahí, quizá eso causaría problemas.

—¿Tiene que estar él presente? Porque no pienso esperar más. Estoy listo y si no es ahora, podría cambiar de opinión en unos minutos —intervino Loui y ante la indecisión de ellos, acabó mostrando la pantalla de su celular que ya estaba establecida como si fuera un cronómetro—… El tiempo empezará a correr en 5, 4, 3…

—Está bien, de acuerdo, no tendremos tiempo para esperarlo —dijo Samael—. Envíale un mensaje. Al menos hicimos el intento de localizarlo.

Marianne se limitó a hacer lo que le pedía, aunque su gesto denotaba su desaprobación. Samael se colocó frente a Loui y miró fijamente a sus ojos.

—Piensa únicamente en lo que ocurrió la noche que tomaste ese video. No dejes que ningún otro recuerdo entre, o podría interrumpir la continuidad de este. Relájate. Mantente en esa noche. No pienses en nada más —dijo Samael con su relajante voz y Loui obedeció, manteniendo la vista fija en él. El cronómetro comenzó su conteo.

El entorno de Samael cambió en un instante. La iluminada habitación tapizada de pósteres y paredes decoradas con imágenes de historietas se había oscurecido, transformándose en una especie de patio trasero de una propiedad abandonada, únicamente iluminada por la luz de la luna. Lo reconoció como el lugar que él mismo se había encargado de analizar tras ver el video, aunque ahora se hallaba detrás de una hilera de cajas de basura y el sitio estaba tan solitario como lo recordaba, pero, así como la habitación se había transformado, unas figuras comenzaron a transfigurarse al frente y a su lado, como imágenes tridimensionales.

Finalmente tuvo el panorama completo de cómo habían sido las cosas esa noche. A su lado estaba Loui con otro chiquillo, vigilando al pequeño grupo de figuras que salía del edificio del frente, llevando unas largas capas con capuchas como si hubieran sido partícipes de alguna misa negra. Estos reían con desparpajo y dejaban caer las capuchas, revelando que no eran más que unos adolescentes. Con un movimiento de mano indicó al recuerdo que se detuviera ahí y decidió acercarse para echarles un vistazo más de cerca. Eran tres muchachos y dos chicas. No se le hacían conocidos, aunque siendo la escuela tan grande como era, dudaba mucho haber visto siquiera a la mitad de su alumnado.

Buscó alguna otra seña que pudiera ayudarle a identificarlos una vez de vuelta en el mundo real ya que en el video había sido imposible. Además de sus mochilas cargaban con unas bolsas de compras donde al parecer llevaban velas, copas y otros objetos. Seguía sin encontrar nada de utilidad hasta que se fijó en las capas que traían puestas. Cada una de ellas tenía el mismo escudo bordado. Debía pertenecer a una escuela, aunque no la reconociera. Estaba seguro de poder reproducirlo después. Un libro abierto con la llama de una vela por encima como si fuera el sol. Simple.

Se apartó y regresó al escondite de los chiquillos para que el recuerdo siguiera su curso. Vio que alguien se acercaba por el camino que conducía al frente del edificio justo cuando el otro chico se escabulló, pero tal y como Loui, estaba más interesado en el sujeto que iba acercándose a los muchachos. Esperó, sabiendo ya lo que iba a ocurrir; había visto demasiadas veces el video como para habérselo aprendido de memoria, así que una vez que estuvo frente a ellos volvió a pausar el recuerdo. El suéter gris con capucha permaneció claro y visible, no se había vuelto ningún manchón como la vez que había intentado visualizarlo en los recuerdos de Marianne. Aquello era definitivamente un progreso, solo le faltaba verlo por fin más de cerca.

Se encaminó de nuevo hacia aquel punto, pero en cuanto estuvo a unos metros del sujeto, de pronto se le hizo imposible seguir avanzando, como si un campo de energía le impidiera el paso. Intentó desde varios puntos, pero resultaba imposible, no podía acercarse más. Dejó correr el recuerdo para ver si podía captar al menos algún detalle aparte de los ojos ámbar que refulgían bajo la capucha, pero era inútil, y su imposibilidad para acercarse no hacía más que aumentar su frustración.

Pronto los chicos ya habían sido atacados, y el tiempo que correspondía al video estaba por acabar; el sujeto del suéter giró la cabeza y pareció mirar en la dirección de Loui, que casi dejó caer el celular. Fue justo en ese instante en que la escena pareció saltar e intercalarse con otra por una fracción de segundo, como si fuera una interferencia.

Samael parpadeó, pensando que quizá era cosa de su propio poder, que estaba empezando a perder efecto siendo que el tiempo que Loui le había concedido se estaba acabando, y entonces volvió a ocurrir, el lugar que lo rodeaba estuvo cambiando de forma intermitente hasta encontrarse a la entrada de otro edificio a plena luz del día, pero cuyo interior estaba tan oscuro que solo se alcanzaba a vislumbrar una sombra agazapada sobre unos bultos. Al fijarse bien, notó que los bultos se trataban en realidad de tres cuerpos, y la sombra encorvada sobre ellos era precisamente el mismo sujeto de la capucha gris, que alzó el rostro, y a pesar de la capucha y la oscuridad, alcanzaba a ver sus brillantes ojos ámbar y una sonrisa que se formaba en sus labios. Se llevó un dedo a la boca como si le estuviera pidiendo guardar silencio, y Samael escuchó un jadeo ahogado a su lado; era Loui con el rostro pálido y mirada aterrorizada.

Escuchó entonces un pitido y sintió una fuerte sacudida que le nubló la vista, hasta verse de vuelta en la habitación. Loui apretaba varios botones de su celular para reconfigurarlo y Marianne estaba de pie a un lado, observándolo a la expectativa.

—¿Y bien? ¿Viste algo?

Samael aún no parecía reaccionar del todo, miraba a su alrededor desorientado y se detenía en Loui con expresión aturdida. Este frunció el ceño al darse cuenta de la forma en que lo miraba, y el ángel se puso de pie rápidamente y desvió la vista, intentando enfocarse en la pregunta formulada por Marianne.

—…No mucho del sujeto en realidad. Pero logré distinguir unos escudos en la ropa de aquellos chicos. Creo que será suficiente para identificar de qué escuela provienen.

—Le avisaré entonces a Demian e iré por lápiz y papel para que hagas un boceto —dijo Marianne, dándose la vuelta mientras volvía a tomar su celular, pero deteniéndose un momento antes para dirigirse a Loui—. Normalmente no te digo esto, pero… gracias.

El niño se limitó a encogerse de hombros mientras Samael lo miraba de reojo desde su posición. No quería saltar a conclusiones, pero lo que había visto no lo tranquilizaba en lo absoluto, sobre todo tratándose de aquel recuerdo que había interferido con el que estaba examinando. Tenía la sensación de que aquel sujeto sabía de la presencia de Loui y no solo eso, deseaba que lo viera, como si… se exhibiera ante un aprendiz.


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