CAPÍTULO 27

27. BALADA DE LAS ALMAS PERDIDAS

—Parece que no hay nadie en casa.

Las chicas habían llegado a casa de Lilith y miraban atentamente la fachada, tratando de encontrar alguna ventana abierta o algo que les indicara que había alguien dentro.

Marianne sacó su celular y marcó el número de Lilith, pero el sonido de marcación continuó hasta cortarse. Guardó el móvil en su bolsillo y alzó la vista hacia la puerta. Sólo había una forma de averiguar qué pasaba con ella y no habían caminado tanto para quedarse paradas en la entrada sin hacer nada. Con una seña indicó que la siguieran y se acercaron en tropa a la puerta, golpeando varias veces hasta que por fin alguien abrió. Una niña de cabello cenizo y enormes ojos pardos asomó la cara y las miró con recelo. La hermanita de Lilith.

—…Hola. No sé si nos recuerdes. Somos amigas de Lilith… ¿está ella en casa? —preguntó Marianne, tratando de mostrarse lo más accesible posible para no asustar a la chiquilla. Ésta miró de reojo a su espalda y luego volvió la vista hacia ellas, como pensando si debía hablar o no.

—…Mamá está trabajando, no debo dejar entrar a nadie cuando ella no está.

—Está bien, lo único que queremos saber es…

—Pero si lo hiciera… ¿prometen que no le dirán a nadie? —agregó la niña, moviéndose como si estuviera pisando algo con la punta de sus zapatos.

Las cuatro chicas intercambiaron miradas con extrañeza, pero no les dio tiempo de decir nada. La niña de inmediato abrió la puerta y se hizo a un lado para permitirles el paso.

—Nuestro cuarto está al fondo del pasillo —dijo, señalándoles hacia un estrecho corredor—… Sólo no la pongan triste, por favor.

Ellas no dijeron nada, únicamente asintieron con la cabeza y marcharon en procesión hacia la habitación que les había señalado. Dentro estaba oscuro a pesar de la hora del día; las cortinas estaban cerradas y las luces apagadas. Apenas y lograron distinguir la silueta de un bulto inmóvil encima de la cama de la izquierda.

—¿…Lilith?

El bulto se removió entre las sábanas y se quedó quieto una vez más.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó Lilith con apenas un dejo de voz—. ¿Por qué vinieron? No quiero que me vean así…

—¿Qué pasa contigo? ¡No hemos sabido de ti y ni siquiera fuiste hoy a clases! —le reclamó Marianne, aproximándose a las cortinas y abriéndolas. Lilith se retorció bajó las sábanas ante el golpe de luz y se cubrió por completo.

—…No he tenido ánimos.

Lucianne no se quedó esperando en la puerta, entró con paso firme en dirección a la cama y con un rápido movimiento le quitó las sábanas de encima a pesar de sus protestas.

—No puedes quedarte aquí sin hacer nada sólo porque “no tienes ánimos”, ¿qué clase de razón es ésa? ¿No ves que estamos preocupadas por ti?

—¿…Lo están? —preguntó la rubia, alzando ligeramente el rostro como una niña chiquita, su melena leonada completamente revuelta y surcos grises bajo los ojos.

—…Por dios, ¿qué te has hecho? ¿Has dormido al menos?

«Mienten»

«Lo sabes»

«No les importas»

—¡Cállense! —exclamó Lilith, cubriéndose los oídos por más que sabía que aquello era inútil, las voces no cesarían, y en cambio sus amigas callaron en su lugar.

Lilith parecía atormentada al darse cuenta de que lo había dicho en voz alta y no tenía el valor para mirarlas.

—Lo siento, no era para… —se detuvo. Iba a decir “ustedes”, pero se dio cuenta de lo ridículo que sonaba tomando en cuenta que no había nadie más que ellas. Pensarían que estaba loca y lo que menos deseaba era que precisamente ellas la vieran con esos ojos.

Marianne se apartó de la cortina y se acercó a ella, apoyando una pierna en el colchón.

—No te ves bien. No has dormido nada, ¿verdad? —preguntó, mirándola fijamente. Lilith se limitó a sacudir la cabeza, tratando de evitar su mirada.

Si dormía quedaría a merced de las voces. Le mostrarían imágenes desagradables, sucesos que nunca ocurrieron. La confundirían más o peor, la obligarían a hacer cosas contra su voluntad.

—…A veces me pongo así, no tiene que ver con ustedes, perdón por preocuparlas —se excusó ella, tomando nuevamente su sábana y pasándosela por encima de la cabeza para terminar otra vez enfurruñada en la cama, pero en lugar de quedarse esperando a que dijera algo más, Marianne jaló de nuevo la manta.

—¿Era por esto que faltabas a clases por largas temporadas? ¿Decidías simplemente aislarte del mundo?

—…Ojalá fuera así de simple —murmuró Lilith, aferrándose a su almohada ya que le habían quitado su sábana.

—¿Sigues algún tratamiento? —preguntó Angie con aquel poco tacto que últimamente la caracterizaba, mereciéndole unas cuantas miradas de recriminación.

Lilith no contestó, pero por la ligera tensión en su rostro podía notarse que hablarlo era difícil para ella.

—¿De qué forma podemos animarte?

Lilith tan sólo se encogió de hombros y se mantuvo en aquella posición casi fetal, buscando dentro de su mente algún pensamiento feliz que la sacara de ese estado, al menos de momento para que no siguieran viéndola de esa forma.

—¿Qué hago con esto entonces? —dijo Belgina, sacando sus copias del concurso.

—¿…Qué es eso? —preguntó Lilith, mirándolas de reojo, sin alcanzar a distinguir bien el contenido por el contraste de luz y sombras en la habitación.

—No me digas que ni siquiera revisaste los mensajes que estuve enviándoles.

—…No he tenido ánimos. —Su cabeza volvió a caer flácida sobre su almohada.

—¿Entonces por qué no miras bien esta foto?

Marianne le acercó más la hoja para que pudiera verla y Lilith alzó levemente el rostro.

—Es… es… ¿Lissen Rox? —Su tono sonaba dubitativo, sin entender por qué le mostraban aquello.

—Patrocina un concurso de canto para este fin de semana, planeamos ser voluntarias en la organización, si hubieras leído tus mensajes habrías sabido…

—¡¿Concurso de canto?! —Su volumen subió varios decibeles, a la vez que su espalda se erguía al instante y le arrebataba las hojas para intentar leerlas con mayor atención. Sus ojos parecían a punto de salirse de sus órbitas.

—Sí, al parecer el ganador tendrá la oportunidad de grabar un dueto con él, y…

—¡¿DUETO CON LISSEN ROX?! —interrumpió Lilith de nuevo, con un tono tan extremadamente agudo que les hizo rechinar los dientes y cubrirse los oídos. Aunque ella parecía no notarlo, estaba demasiado ocupada profiriendo una retahíla de varios “¡Oh, por dios!” seguidos mientras se incorporaba de la cama de un salto y comenzaba a caminar en círculos, sosteniendo las copias con manos tan tiesas que parecían haberse engarrotado en torno a las hojas.

—Pero no te emociones tanto, él no estará presente —dijo Angie con los brazos cruzados y Lucianne enseguida le dio un codazo para callarla.

—¡Pero estará vía satélite! ¡Podría incluso llegar a verme si estoy en primera fila! ¡No! Mejor aún… ¡Podría yo hacer un dueto con él si gano el concurso! ¡O en el peor de los casos, tendría su atención al menos con mi participación! ¡Y entonces él vendrá a la ciudad con el pretexto de algún concierto y cuando esté cantando cambiará la letra para pedirme matrimonio y me subirá al escenario con él y le diré que sí mientras lloro a mares!

Las chicas tan sólo se le quedaron viendo desconcertadas por aquel repentino despliegue eufórico. Parecía otra completamente distinta de apenas unos minutos antes.

Lilith dejó de dar vueltas con las hojas frente a su rostro y se volvió hacia ellas, acercándoseles con un anhelo desesperado en sus ojos.

—¡Ustedes me apoyarán si entro al concurso, ¿verdad?! ¡Necesito saber que al menos tendré el apoyo de alguien!

—…Claro, te apoyaremos —respondió Marianne. De todas formas, asistirían al evento como voluntarios siguiendo el plan que habían acordado, y ella se veía tan animada a comparación de cómo la habían encontrado al llegar que prefirió guardarse ese detalle.

—Ustedes de voluntarios y yo de participante. ¡Habrá que prepararnos arduamente para ese día! —expresó Lilith, inflando el pecho con nuevos bríos, pareciéndose más a la de siempre a pesar del pelo enredado y las ojeras.

Marianne se encogió de hombros al notar que ya comenzaban a mirarla como cuestionando lo que harían ahora. Pensó que aquello no interferiría con el plan original, más bien era una adición, como si tuvieran una infiltrada dentro del propio concurso, aún si la propia Lilith no fuera consciente de ello.

Mitchell jugueteaba con las pocas papas fritas que quedaban en su plato, tremendamente aburrido mientras esperaba. A veces se sentía excluido por ser “minoría” dentro del grupo, aunque eso no impedía que Samael se viera casi siempre involucrado en otros sucesos aislados que les concernía a todos. Como si él fuera más “especial”. Aunque tenía entendido que él era quien originalmente los había estado reuniendo, así que contra eso no podía competir.

Fastidiado, dio un suspiro y dejó ir el cuerpo hacia atrás, colocando los pies sobre la silla del frente. Demian pasó cerca de su mesa y le dio un manotazo para que los bajara.

—Vas a arruinar las sillas. Si lo haces, tú las pagas.

—¡Ah, vaya, por fin! ¡Alguien con quien hablar! —exclamó Mitchell, señalando al cielo en un gesto de alivio y siguiéndolo hasta llegar a la barra—. Llevo largo rato esperando a que alguien aparezca. Trato de hacerle conversación al inmigrante, pero se la pasa yendo de un lado para otro.

Demian le lanzó una mirada pues se suponía que no debía mencionar esa palabra, pero él lo ignoró por completo.

—¿Dónde te habías metido?

—Surgió algo —dijo él de forma cortante—. ¿Y tú por qué estás solo? ¿Se cansaron tan pronto de ti?

—Cosas de mujeres al parecer —respondió Mitchell con un resoplido, sentándose en uno de los bancos frente a la barra y girando sobre el taburete—. Espero a Samuel.

Demian tuvo un leve fruncir de ceño que de inmediato borró, aunque Mitchell alcanzaba a notarlo.

—Ohhh, ¿qué fue eso? ¿Noto una ligera molestia tan sólo por nombrarlo?

—…No sé de qué hablas —respondió él, frunciendo nuevamente las cejas.

—¡Ahí está de nuevo! ¿Sigues celoso de él?

Demian asentó las manos con fuerza en la barra.

—¡Yo no…!

—Porque no tienes nada de qué preocuparte, te juro que no te estoy engañando con él, tú eres el único para mí, bombón —dijo esto moviendo las cejas con una sonrisa guasona y colocando la barbilla sobre sus nudillos.

Demian se apoyó sobre la barra y le dedicó una mirada malhumorada mientras él no hacía más que reírse.

—Idiota. Nunca puedes hablar en serio.

—No creas que no lo intento, pero no me das mucho con qué trabajar. Nunca hablas de ti, eres muy cerrado, así que no tengo más remedio que hacer conjeturas.

—No tengo nada que decir sobre mí —aseguró Demian mientras guardaba sus pertenencias debajo de la barra.

—¿Porque no quieres o porque en realidad no sabes lo que hay ahí dentro?

—No haremos esto, ¿de acuerdo? Así que no sigas —le advirtió Demian.

—Como quieras —aceptó Mitchell, encogiendo los hombros—. Sólo digo que deberías ser más consistente. Un día te gusta Lucianne y al otro día sólo son amigos, y aún así te molesta que mi primo ande tras de ella…

—¿Precisamente tú hablando de consistencia? —lo interrumpió Demian, alzando una ceja para hacer notar lo ridículo que sonaba aquello viniendo de él.

—A mí me gustan todas las chicas, soy consistente en ese sentido —se justificó él como si fuera algo normal—. Que ahora una resalte para mí, es otra historia. Pero bueno, el punto es que deberías dejarte de excusas y finalmente admitir que te gusta.

—¿Quién? ¿Tú? ¿Samuel? —dijo él, intentando hacer una broma.

—No pensaba en él, pero si quieres tomar ese rumbo, adelante, yo te apoyo. Eso explicaría muchas cosas —reviró Mitchell sin perder el tono burlón, provocando que Demian entornara los ojos y optara por limpiar vasos.

—…Quiero a Lucianne y me preocupo por ella, pero no la veo más que como amiga. ¿Satisfecho? —dijo finalmente, decidiendo al menos concederle aquello.

—¡Punto confirmado al fin! Ahora sólo falta que admitas que te gusta Marianne…

Uno de los vasos resbaló levemente de las manos de Demian, pero alcanzó a detenerlo antes de que cayera, y apenas lo asentó con cuidado en la barra, volteó hacia Mitchell como si le hubiera tirado una bomba fétida.

—¿Insistes en eso? No sé de dónde sacas esa idea, pero será mejor que te la quites de la cabeza y no vuelvas a mencionarlo, ¿de acuerdo? —le advirtió con tono amenazante—. Alguien más podría escucharlo y esparcir rumores.

—Ah, ¿ésa es tu preocupación? ¿Que los demás lo sepan?

—Y que no es verdad.

—¡Vamos, puedes confiar en mí! Si de verdad lo deseo puedo ser muy discreto, o de lo contrario te seguiré fastidiando y fastidiando hasta que te hartes de estar harto.

—¡No voy a admitir algo que no es cierto! —exclamó Demian perdiendo la paciencia, y al notar que la gente en la cafetería los observaba, se aclaró la garganta y trató de bajar nuevamente la voz—… Y es todo. No pienso seguir hablando de ello.

—Ah, ya veo —respondió Mitchell, dando lentos arcos con la cabeza—. No es que no me quieras decir. Es que ni siquiera has llegado tú mismo a esa conclusión.

Demian se apoyó de nuevo en la barra, respirando hondo para mantener el control.

—Mitchell, ya te dije…

—Quizá deberías tomarte un momento de reflexión… aunque eso tal vez ya lo has hecho, pero no te has detenido a hacerlo con mayor detenimiento. Y te estoy hablando con toda la seriedad que me es posible.

Demian guardó silencio por varios segundos. Mitchell hablando en serio no era cosa de todos los días. Daba la sensación de que el mundo estaba al revés, que en cualquier momento él sería quien diría impertinencias y el propio Mitchell lo censuraría. Presionó las manos sobre la barra y trató de pensar en ello. Si el mundo estaba al revés, no sería algo tan descabellado intentar abrirse un poco. Comenzó a tamborilear los dedos y abrió la boca.

—Yo…

La campana de la entrada lo detuvo. Samael iba entrando en ese momento con aquel halo que atraía miradas ajenas.

Demian se apartó entonces de la barra.

—…Iré a la cocina. Luego te veo.

Mitchell trató de detenerlo con tal de que terminara de hablar, pero fue inútil.

—¡Qué inoportuno eres! —dijo en cuanto Samael se acercó a él—. ¡Estaba a punto de hablar! ¿Qué te costaba esperar unos cuantos segundos?

Samael lo miró con sus enormes y confundidos ojos celestes, preguntándose si debía retroceder y esperar en la puerta por unos segundos más tal y como éste reclamaba, pero Mitchell pareció olvidarlo casi al instante y lo tomó del hombro, conduciéndolo hacia la mesa.

—Las chicas fueron a buscar a Lilith. “Cosas de mujeres” o algo por el estilo.

—Lo sé, me enviaron un mensaje.

—¡Awww, y aún así viniste a hacerme compañía! ¡Qué tierno de tu parte! —dijo Mitchell, juntando las manos e imitando el gesto de quien tiene un cachorrito enfrente.

—Marianne dijo que esperara aquí.

—Ah, claro. Y si Marianne dice que te tires de un puente, lo harías.

—…No creo que me pediría algo así —respondió Samael, pareciéndole una locura.

Mitchell lo observó, preguntándose si sería real o únicamente fingía ser así de despistado. Y entonces recordó que estaban solos y podía aprovechar esa oportunidad para hacerle unas cuantas preguntas.

—Y dime, Samuel, ¿a qué le tiras? ¿Chicos o chicas?

Samael ladeó levemente la cabeza.

—¿…Eh?

—Sí, ya sabes, ¿te gustan los hombres o te gustan las mujeres? —repitió él como si le estuviera preguntando algo tan trivial como cuál era su comida favorita.

Samael parpadeó, tratando de entender a qué se refería.

—…Me gustan todos, hasta los niños —dijo él inocentemente y Mitchell no pudo controlar la risa, soltando una carcajada.

—¡Muy bien, tú ganas, te creo que seas real! ¡No cualquiera es capaz de decir algo así con total seriedad y convencimiento!

Samael no entendía qué se le hacía tan gracioso, pero prefirió no preguntar.

En los siguientes minutos, las chicas regresaron a la cafetería acompañadas de Lilith. Ésta se veía arreglada y con más energía y lo primero que hizo fue colocarse detrás de Mankee y tocar su hombro.

—Hola, Monkey, mira, seguí tu consejo —dijo ella en cuanto él volteó, señalando su cara enmarcada por una sonrisa. Mankee sufrió un sobresalto al verla y retrocedió como si tuviera enfrente al mismísimo diablo.

—Y-Yo… yo… iré por sus órdenes… ¡con permiso! —tartamudeó Mankee, prácticamente huyendo de ahí ante el desconcierto de Lilith.

—¿Qué fue eso? Parecía asustado. ¿Le dijiste algo?

Lilith sacudió la cabeza mientras lo seguía con la mirada, preguntándose qué había hecho mal, si en verdad existía algo dentro de ella que terminaría alejando a todos, como decían las voces.

—Sentémonos —interrumpió Marianne y Lilith volvió a la realidad con una sacudida.

Sonrió nuevamente, intentando actuar normal y tomó su lugar en la mesa, convenciéndose de que debía mantener la mente ocupada en aquel evento próximo que tanto le había subido los ánimos en un principio. Necesitaba aferrarse a ello, por su propio estado mental.

Una de sus tareas como voluntarios era hacerle promoción al evento, de modo que repartieron volantes por toda la escuela y cualquier sitio por donde pasaran.

—Vengan a apoyarme este sábado al Music Center, por favor. Vengan a apoyarme, gracias…

Lilith se había apostado justo en la intersección y se encargaba de repartir los volantes con su foto como si fuera una cantante famosa. No se podía negar que al menos se esforzaba.

—¿Cuándo piensan decirle que todo esto no es más que para ponerle una trampa a Hollow? —preguntó Angie, apoyando la espalda en una pared contraria.

—No creo que le haga daño tener algo que la anime en este momento, nosotros podemos tener controlado el perímetro mientras ella se divierte —aseguró Marianne, mientras pegaba uno de los carteles del evento en el pizarrón de anuncios.

—Pues me parece que se lo está tomando demasiado en serio.

Marianne miró de nuevo hacia Lilith, que no paraba de hacerse promoción. Estaba quizá demasiado entusiasmada. No se había detenido a pensar en lo que le afectaría el perder, por más que ella aseguraba hacerlo únicamente para llamar la atención de su ídolo.

—Que al menos sienta nuestro apoyo. Esperemos que eso la mantenga animada.

Al decir esto, clavó un último pin en el cartel que estaba colocando y se dirigió a su aula. No podían permitirse tener dudas sobre los planes que ya habían hecho. Se apresuró a entrar en su salón y abrió la puerta. Kristania ya había llegado. Ésta la miró con expresión de cervatillo herido y le pareció que incluso comenzaba a gimotear con gorjeos mudos.

Marianne cerró los ojos y dio un suspiro. Aquello tenía el potencial de tornarse todavía más irritante que el soportar sus intentos por ser su amiga, así que decidió dejar el asunto en paz para no estar soportando ese gesto de desahuciada cada que llegara a clases.

Se acercó al asiento de ella y sus amigas-guaruras se colocaron a los lados de su silla, con la intención de ahuyentarla.

—¿Les importa? Quiero hablar con ella a solas. —

Marianne trató de no mostrarse intimidada ante ellas.

—Está bien, no hay problema. Gracias por preocuparse por mí.

Kristania les indicó con una seña que las dejaran solas, adoptando una pose de mártir.

—Quita esa cara, ¿quieres? No te voy a hacer nada. Yo no soy la villana aquí.

—No pienso que lo seas ni que vayas a hacerme daño. Sé que no lo harías —replicó Kristania con una sinceridad y convencimiento tal que le provocaba migraña a Marianne.

—¡Ugh, todo era más fácil cuando eras odiosa y malintencionada! ¡Ya ni sé cómo tratarte ahora!

Kristania permaneció en la misma posición, pero su rostro comenzó a descomponerse y a arrugársele como si fuera una pasa. Sus ojos se volvieron dos burbujas acuosas a punto de reventar y Marianne de inmediato volteó a los lados, esperando que nadie se diera cuenta.

—…Ay, no. No, no te pongas a llorar. ¡Lo siento por lo de ayer, ¿de acuerdo?! ¡Admito que se me pasó un poco la mano! ¡Perdí los estribos, no debí desquitarme contigo, ¿ya?!

—¿Lo… dices… de… corazón? —gimoteó ella, tomando aliento entre cada palabra.

Marianne apretó los dientes, tratando de reprimir cualquier impulso por responder de mala manera.

—Sí —masculló como si se le dificultara admitirlo—. Tú no tienes la culpa de la situación en la que te encuentras actualmente y tampoco has hecho nada malo… de un tiempo para acá. Soy yo la que tiene el problema y sé que debo trabajar en él. Siéntete tranquila en ese aspecto… por ahora.

Kristania sollozó y movió los ojos hacia arriba para que se secaran. Su rostro se destensó y volvió a mostrarse sereno, dejando por fin de hipar.

—…Gracias. Sería imposible no perdonarte después de todo lo que te hice. Entiendo que no quieras ser mi amiga por esa razón, no puedo obligarte, aún ahora me siento avergonzada. Pero ¿podríamos al menos ser compañeras cordiales?

Marianne lo pensó por un momento. Sabía que no le quedaba más remedio que hacer lo que estuviera a su alcance para llevar la fiesta en paz, así que cerró los ojos y comenzó a asentir lentamente con la cabeza.

—…No veo por qué no.

La chica de ojos grises sonrió como si le hubiera dado la mejor noticia del mundo.

—¡Gracias, gracias! ¡Prometo que no te vas a arrepentir! ¡Seré la mejor compañera que pudieras pedir!

Aquello sonaba más bien a que no podía diferenciar entre el concepto de amiga y el de compañera. Pero no dijo nada más y se dio la vuelta para continuar hacia su lugar.

Lilith entró a continuación, prácticamente pisándole los talones a la profesora y guardando cuidadosamente sus volantes para que no se los confiscara, aunque la señorita Anouk ya llevaba uno entre las manos.

—¿Alguien quiere hablarme sobre esto? —dijo la maestra, extendiendo la mano y mostrando el cartel a toda la clase. Nadie habló, ni tampoco hubo miradas acusatorias.

La maestra recorrió el salón con la vista y volvió a agitar la hoja frente a ellos.

—¡En serio! ¿Quién puede darme información sobre esto? ¿Hay que pagar entrada? ¿Dónde se consiguen? ¿Se presentará Lissen Rox? ¿Habrá al menos copias autografiadas de su último álbum? ¡Necesito respuestas!

—¡Yo la entiendo! ¡Estoy con usted, profesora! —exclamó Lilith, incorporándose de un salto y levantando una mano con el puño cerrado en señal de apoyo—. ¡Yo le puedo conseguir invitación! Sólo tiene que venir a apoyarme. —Con un rápido movimiento sacó uno de sus volantes y lo extendió hacia ella, aprovechando el momento para pasar de lugar en lugar dejando un panfleto en cada escritorio—. Ustedes también, vengan a apoyarme, gracias, si llevan carteles sería bueno, pero si ensayan porras sería mucho mejor.

Marianne se limitó a dar un resoplido cuando Lilith pasaba por su asiento y le daba otro volante como si no tuviera ya varios. Era definitivo, se lo estaba tomando demasiado en serio y eso sólo podía terminar mal para ella. Incluso saliendo de clases no dejó de repartir los panfletos.

—¿Tú vas a participar en el concurso?

Una voz a espaldas de Lilith la obligó a voltear y se encontró con una muchachita con el uniforme color granate. Aquello significaba que debía ser de secundaria.

—¡Así es! Puedes venir a apoyarme si gustas. Toma, una copia.

—No quiero tus copias —dijo la jovencita, rechazando la hoja y cruzándose de brazos con sorpresiva expresión de amenaza—. No esperes que todos vayan a apoyarte porque yo también concursaré y voy a ganar.

Lilith colocó sus copias debajo del brazo y se llevó las manos a las caderas.

—¿Ah, sí? No me digas.

—Vina. Recuerda ese nombre porque lo escucharás cuando anuncien al ganador.

Tras mover la cabeza en ademán de superioridad, se alejó del pasillo y Lilith arrugó los volantes.

—¡Niña presumida! —gruñó ella.

—Esto es fantástico.

Lilith volteó y vio a Kristania mirando uno de sus volantes.

—Aún cuando no ganes, Lissen Rox lo presenciará todo vía satélite, eso sería suficiente incentivo para cualquier fan.

—A ti ni siquiera te gusta Lissen Rox —contestó Lilith con los ojos entornados, pensando que se estaba burlando de ella.

—En realidad sí. Soy muy fan.

—Pero en el autobús dijiste que…

—Fue sólo para llevarles la contraria. Era un gusto que mantenía en secreto, pero tengo de hecho mi credencial oficial que me acredita como Lissener, soy la número 497, me enviaron un póster autografiado por ser de los primeros 500 en registrarse.

Lilith la miró como si acabara de darle una bofetada con guante de hierro.

—…Yo me pasé toda una noche intentando registrarme con una terrible conexión y cuando finalmente lo logré fui la 501…

Sus amigas la miraron como si en cualquier momento fuera a saltar encima de Kristania, pero no se esperaban lo que la segunda respondió a continuación.

—Registré también a mi hermano sin que lo supiera, así que tengo otro póster autografiado, ¿lo quieres?

Lilith era un volcán de emociones extremas, así que cuando pasó de aquel estado tenso a la euforia incontrolable de un segundo a otro fue como recibir el impacto repentino de una bomba. Tomó a Kristania de las manos y comenzó a dar brincos y chillidos de emoción, asustando a todo aquel que tuviera el infortunio de pasar cerca.

—¡Oh, por dios! ¡¿En serio me lo darías?! ¡No sé qué decir!

Los demás sonidos que salieron de su boca apenas y lograron formar enunciados o tan siquiera articular palabras inteligibles, sonaron simplemente como un intraducible “asadafagahahdfhdjdj”.

—¡Ya sé! ¡Ayúdanos a hacer las decoraciones del evento! ¡Iremos por las noches a casa de Lucianne! ¿Podrás hacerlo? —propuso Lilith sin consultarlo antes con las demás.

—¡Con mucho gusto! ¡Pensé que nunca me lo pedirían! —aceptó Kristania de inmediato con expresión encantada mientras Marianne le dedicaba a Lilith una mirada de censura, aunque ésta parecía no fijarse en ello, en ese momento estaba en la euforia total.

—¿Celosa de que tu mejor amiga Kristania te haya reemplazado? —le susurró Angie al oído, acentuando en ella la sensación de que aquello no iba a acabar bien.

Lucianne tenía la mirada fija en el piso y las manos sobre su regazo en postura tensa mientras el oficial Perry la observaba, esperando una reacción suya.

—…Lo seguiste.

—Tenía que hacerlo. Te dije que me daba mala espina, y al parecer mi sentido no estaba del todo equivocado. Lo he visto entrando en ese mismo lugar varias veces y esta vez lo vi de lejos hablando con alguien sospechoso. Le entregó un fajo de billetes. Te digo que está metido en algo sucio.

—¡No tenías por qué seguirlo! ¡No tienes derecho! —le reclamó ella, molesta.

—Pero… no confío en…

—Que no confíes en él no significa que sea sospechoso de algo. ¿O lo es? ¿De qué exactamente? ¡Dime de qué lo acusas!

Él se quedó callado. La había visto molesta antes, pero no al grado de cuestionarlo de esa forma. Y que el motivo fuera precisamente aquel chico era lo que más le dolía.

—…Él no te conviene —dijo únicamente. Sentía que estaba perdiendo la batalla.

—¿Y tú decides eso?

El tiro de gracia. No le quedaba nada más que agregar después de eso, y de manera oportuna escucharon golpes en la puerta.

Lucianne se levantó sin decir nada más y fue a abrir. No le sorprendió ver a sus amigas ahí pues se habían citado a esa hora, lo que no entendía era qué hacía Kristania frente a su puerta con una bolsa al hombro.

—…Te explico después —expresó Marianne entre dientes.

Lucianne no dijo nada, tan sólo se hizo a un lado para cederles el paso.

—Con permiso, señoritas —dijo el oficial, pasando junto a ellas en dirección a la puerta. Al pasar junto a Lucianne, ella únicamente le dedicó una mirada de reproche a lo que él respondió con un movimiento de cabeza de despedida—… Señorita Lucianne.

Y salió de ahí. Lucianne lo siguió con la mirada, dolida por actuar de esa manera, pero tampoco le parecía justo que estuviera vigilando a Frank sin un motivo, como si se tratara de un criminal.

—¡Oh, por dios! ¡¿Ya vieron esto?! —exclamó Lilith de repente, atrayendo su atención—. Colección de fotos originales, calendarios de edición limitada, broches, llaveros, postales, discos, dvd’s y BluRays en todos sus formatos, barras fluorescentes multicolor, ¡tiene barras fluorescentes multicolor!

Cada que sacaba un artículo de la bolsa de Kristania lo mostraba a las demás como si se tratara de un tesoro invaluable y lo colocaba en la mesa con especial cuidado.

—Eres una verdadera fan. Ahora puedo verlo claramente. Ya no puedo seguir dudando de ti…

—Y traje además esto —interrumpió Kristania, sacando de la bolsa un papel enrollado meticulosamente y envuelto en celofán.

Lilith lo tomó entre sus manos temblorosas y trató de descubrir levemente un extremo del papel celofán, con mucho cuidado de no romperlo, y en cuanto echó un ojo en su interior comenzó a gritar y dar de brincos, y las demás se apartaron con temor.

—¡No puede ser! ¡Cumpliste! ¡Trajiste el póster autografiado! ¡No puedo creer que lo hayas hecho! —Era tal su explosión de júbilo que terminó abrazándola con furor—. ¡A partir de ahora eres mi hermana lissener y que nadie se atreva a decir lo contrario!

—¡Wow, ¿en serio?! ¡Es primera vez que me reúno con otra fan! ¡Hasta ahora lo había mantenido en secreto, pero quizá al fin he encontrado a alguien con quien compartir!

—¡Sí! ¡Seremos lissen sisters a partir de ahora! ¡Hagamos la Roxseñal!

Ambas se llevaron las manos izquierdas hacia el pecho con únicamente el dedo meñique y el índice extendidos, subiendo luego hacia su frente y agitándolas mientras las demás las observaban como si hubieran entrado en otra dimensión.

—Presiento que será una larga noche. Mejor comencemos —dijo Marianne, deseando no haber presenciado aquello.

—Qué desperdicio de poster, todo rayado —comentó Belgina, meneando la cabeza al ver la firma en el póster.

Las siguientes dos horas se dedicaron a recortar guirnaldas y hacer las decoraciones para el lugar del evento con el material que les habían proporcionado. A cada voluntario le habían dado la tarea de hacer cien pulseras de papel para los asistentes, y por si fuera poco también tuvieron que hacer carteles en apoyo a Lilith. Aquello era trabajo pesado, así que terminaron ordenando pizza y mientras la esperaban habían decidido darse un descanso en la cocina para tomar algo. Fue en ese lapso que tocaron a la puerta.

—Debe ser la pizza.

—¡Oh, déjenme invitarlas, ¿sí?! ¡En agradecimiento por permitirme ayudarlas en esto! —saltó Kristania, sacando su cartera.

—No tienes que hacerlo.

—¡Pero quiero hacerlo! Sé que no estaba planeado que yo estuviera aquí, así que al menos permítanme esto, por favor.

Las chicas intercambiaron miradas. No estaban muy convencidas, considerando que no era ella en sus cinco sentidos, pero fue Lilith la que se les adelantó.

—¡Por supuesto que sí! ¡Eres tan amable! ¡Te vas a ir al cielo con todo y mercancía de Lissen Rox!

Kristania sonrió ante la aprobación y salió de la cocina con paso alegre.

—Definitivamente esto la va a atormentar hasta el fin de sus días cuando vuelva en sí —aseguró Marianne, dándole un sorbo a su refresco.

—Si es que vuelve —agregó Angie de forma casual, mereciéndole una mirada de advertencia por parte de Marianne—… ¿Qué? Es una posibilidad.

—¡Yo quiero que se quede así para siempre! ¿Y si cuando recuperemos los dones no le devolvemos el suyo? ¡Le haríamos un bien a ella y a todos! —sugirió Lilith mientras se balanceaba en su asiento y Angie le dirigió una mirada a Marianne, esperando una respuesta de su parte, pero ella permaneció callada, mirando su vaso.

Sabía qué debía decirles la verdad sobre la falta de los dones, pero no tenía idea de cómo hacerlo.

Kristania por su parte ya había llegado a la puerta y estaba preparando su cartera, pero al abrir se encontró con Franktick. Éste reaccionó extrañado de verla precisamente ahí y ella lo recibió con una sonrisa de sorpresa.

—¡Hola! ¡Pensamos que era la pizza!

Él se quedó pensativo por un momento. Quizá podía aprovechar aquello para darle una sorpresa a Lucianne.

—…De hecho, es una suerte que tú abrieras. Así podrías ayudarme… a sorprender a Lucianne, me refiero. Traje algo para ella, pero pienso que sería mejor si lo encontrara de sorpresa en su habitación.

—¿En serio? ¡Suena romántico! ¿Quieres que lo deje ahí por ti?

—Mmmmh, pienso que sería mejor hacerlo yo mismo. Tú te encargarías de mantenerlas distraídas mientras yo subo y después me voy sin que se den cuenta.

—¡Bien! No diré una sola palabra. ¡Adelante, conquístala!

Él entrecerró los ojos ligeramente y ladeó la cabeza, como si el escuchar a su prima hablando así fuera el equivalente a rascar la superficie de un pizarrón.

Ella le permitió el paso y regresó a la cocina, llevándose el dedo índice a la boca para indicar que mantendría silencio. Franktick sólo asintió y agitó la mano para que continuara.

Comenzó a subir las escaleras, haciendo el menor ruido posible, y se detuvo frente a la primera puerta. Ella entraba ahí cada vez que salía de casa, así que supuso que sería su habitación. Dentro estaba todo impecablemente ordenado, contrario al desastre que ella había afirmado que era.

No entendía que podría haber ahí que no deseaba que viera, aunque quizá no fuera precisamente su cuarto el que intentaba proteger. Sacudió la cabeza, decidiendo que no debía pensar en ello pues no era de su incumbencia, así que pasó su mochila de la espalda hacia el frente y sacó un paquete de ella. Lo desenvolvió con cuidado y extendió sobre la cama un hermoso vestido de volantes color dorado con bordados.

Había notado su tendencia a usar vestidos y faldas campiranas que le sentaban muy bien, así que ese vestido luciría aún mejor en ella. Pensaba dejarlo con una nota que dijera únicamente que lo usara tal día a tal hora en tal lugar. Omitiría el nombre pues era parte de la sorpresa. Aquello era más de lo que había hecho por cualquiera, aunque no ayudaba mucho el hecho de que lo había comprado con el dinero que Hollow le había dado, así que trataba de no pensar mucho en ello.

Dejó el vestido sobre la cama y salió de la habitación sin hacer ruido. Pensaba simplemente marcharse de la casa y esperar a que llegara el día que decía la nota, pero se detuvo al posar la vista en la habitación del fondo. Le llamó la atención el grueso de la puerta y que tuviera un mecanismo de poleas para abrirla, como si fuera un calabozo en vez de una habitación. Recordó la voz que había escuchado el día que ayudó a Lucianne con la limpieza (cosa que no pensaba volver a mencionar nunca) y que ella tan sólo había mencionado que su padre estaba enfermo justo antes de sacarlo a empujones de ahí.

Sabía que su padre era el jefe de policía de la ciudad y también tenía informes de que llevaba unas semanas sin aparecerse a trabajar. La idea de que estuviera enfermo era, por supuesto, la más plausible, pero aquel sistema en la puerta llamaba poderosamente su atención. Y era de naturaleza curiosa, eso era lo que lo había inducido en primer lugar a volverse hacker (en segundo quizá rastrear a su padre, pero eso no pensaba admitirlo ni era lo que importaba en ese momento).

En la planta baja las voces de las chicas eran lo bastante fuertes como para suponer que podrían no escucharlo si era lo suficientemente sigiloso. Decidido, se acercó a la puerta y con un suave movimiento de la palanca, el mecanismo se accionó con un muy leve chirrido hasta que terminó escuchando un “click”. La puerta se había abierto.

Miró precavidamente hacia los lados antes de empujarla. Estaba oscuro al interior. Palpó la pared en busca de algún interruptor y en ese lapso escuchó un ruido extraño, como un gruñido al fondo de la habitación. En cuanto dio con el botón y la luz se encendió, vio a un hombre atado a una cama y con la boca tapada. Se quedó helado. Aquél era el padre de Lucianne, el comandante Fillian. Éste de inmediato comenzó a removerse y a lanzar gruñidos para llamar su atención, indicándole con los ojos que lo desatara.

Franktick se quedó estático por un momento. ¿Por qué Lucianne tendría a su propio padre amarrado de esa forma? Tras unos segundos sin reaccionar, se acercó rápidamente a la cama y lo primero que hizo fue destaparle la boca.

—¡Sácame de aquí! ¡Me han tenido encerrado durante varias semanas! ¡Rápido, desamárrame antes de que regresen!

—¿Quiénes? ¿Lucianne le hizo esto? —preguntó el chico sin poder creerlo.

—…El oficial Perry —respondió el comandante, pronunciando el nombre lo más claro posible y Franktick pareció más cómodo con esa idea. Quizá Lucianne estaba bajo alguna clase de amenaza—. ¡Ahora desátame y ayúdame a salir de aquí!

Él lo pensó por unos segundos, no estaba 100% seguro si debía o no hacerlo, pero la insistencia del hombre terminó por convencerlo y con manos ágiles se apresuró a desatarlo.

Era como un prestidigitador concentrado en deshacer los nudos, tanto que no previó el golpe que vino a continuación. Con un manotazo preciso detrás del cuello, el comandante noqueó a Franktick en cuanto se vio libre, dejándolo caer en el piso a un lado de la cama. Y con gran sigilo a pesar de su tamaño, salió de ahí, apagando luces y procurando cerrar la puerta, dejando al muchacho en las penumbras, inconsciente.

Nadie lo escuchó salir por la puerta del frente, y nadie notaría su ausencia durante las siguientes horas hasta que alguien entrara a la habitación, y entonces encontrarían a Frank, atrapado y tal vez aún inconsciente. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que éste reaccionara, máximo unos diez minutos. Le tomó otro par de minutos caer en cuenta de que aún seguía en aquella habitación, en la oscuridad y que, peor aún, ahora estaba encerrado.

Sabía que no podía hacer mucho ruido a riesgo de llamar la atención y que Lucianne lo encontrara ahí, porque entonces ella sabría que él había liberado a su padre y podía hacerse a una idea ahora del por qué lo tenía encerrado en primer lugar. Algo como lo ocurrido con su prima posiblemente. Se apostó en la puerta con la mano aferrada al pomo y tiró con fuerza un par de veces, tratando de amortiguar el ruido, pero era imposible, no abría.

Intentó entonces con la ventana, tal vez podría saltar sobre algún arbusto o bajar a través de cualquier saliente que encontrara en la pared, pero la suerte no parecía estar de su lado, la ventana estaba atornillada y sellada.

Abajo alcanzaba a escuchar aún a las chicas, disfrutando de la pizza e ignorantes de lo que ocurría arriba. Los minutos corrían y con ellos la desesperación de Frank aumentaba al agotar sus recursos; comenzaba a pensar incluso en ocultarse bajo la cama o cubrirse la cara con algo para salir de ahí corriendo en cuanto se abriera la puerta, pero entonces pensó en algo más. Había algo que no había intentado aún, bueno, lo había probado, pero a menor escala, cuando no tenía necesidad, así que esperaba que en esa ocasión funcionara.

Regresó a la puerta y con una mano tomó con fuerza la perilla, colocando la otra sobre la cerradura. Hizo unas cuantas respiraciones a modo de preparación y cuando sintió estar listo, se tensó por completo, músculos, extremidades, tendones, todo con tal de dirigir su fuerza hacia sus manos. Comenzaron a marcársele las venas en la piel y a ponerse colorado al aguantar la respiración, pero finalmente pareció estarlo consiguiendo.

Sus ojos se encendieron como si dentro tuviera un par de carbones encendidos y de sus manos comenzó a salir humo justo donde hacía contacto tanto con la perilla como con la cerradura. Y entonces la puerta se abrió. Frank se soltó y jaló todo el aire que sus pulmones le permitieron en una sola inspiración. Sus ojos se apagaron nuevamente. En cuanto recuperó el ritmo de su respiración miró sus manos que ya no despedían humo ni se veían encendidas. Habían vuelto a la normalidad y por más que movía los dedos, parecían haberse apagado por completo.

Realizar aquello había necesitado de todas sus fuerzas y le había tomado un poco más de tiempo del que suponía, pero ahora estaba sin combustible, como si hubiera consumido todas sus reservas. Con fuerza empuñó las manos, sintiéndose estafado, pero consciente de que no podía quedarse ahí por más tiempo, salió empujando la puerta, y cuando se dirigía hacia las escaleras, se detuvo frente a la habitación de Lucianne. No podía dejar cabos sueltos, así que entró de nuevo y vio el vestido que aún permanecía extendido sobre la cama con la nota encima. Apretó los dientes, pero sabía que tendría que dejarlo para otro momento. Rápidamente dobló el vestido y lo metió a su mochila para a continuación salir de ahí como bala. La única que sabía de su presencia en la casa era Kristania, y no creía que dijera nada.

Las chicas se marcharon alrededor de las 10 de la noche. No habían terminado, pero aún les quedaba un par de días para el evento.

Lucianne subió exhausta a su habitación, deseando únicamente acostarse y no volver a levantarse hasta que el sol estuviera en lo más alto, pero antes de eso tenía que checar que su padre estuviera bien.

Dio vuelta hacia la habitación del fondo mientras estiraba los brazos y arqueaba la espalda para recuperar su postura. Sería una inspección de rutina, como diría Perry. Pero cuando intentó girar la palanca, la puerta se abrió sola. Lo primero que pensó fue que quizá había olvidado cerrar bien la puerta, no quería adelantarse a sacar conclusiones ni caer en pánico. Tomó aliento y se adentró, encendiendo la luz. Nadie. No había nadie en la habitación. La cama estaba vacía y las cuerdas que sujetaban a su padre dispersas.

Sintió que el estómago le dio un vuelco. Ahora sí era el momento de entrar en pánico. Tomó enseguida el teléfono y pensó en llamar a Perry, pero se detuvo en cuanto fijó la vista en la perilla y la cerradura de la puerta. Estaban derretidas como por acción de algún material corrosivo. Sólo había una persona a la que podía llamar.

Minutos después, Marianne estaba junto a ella, observando cómo Samael examinaba la puerta y pasaba las manos sobre el área derretida.

—Puedo captar una energía oscura, negativa, pero no es muy fuerte —explicó él con gesto pensativo—. Es como si… alguno de esos demonios se hubiera quedado sin energía cuando hizo esto.

—¿Entonces piensas que es obra de la Legión de la oscuridad?

—Definitivamente, el tipo de energía lo delata, aunque…

—¿…Qué? —preguntaron ambas a coro, esperando impacientes una respuesta.

—No sé. Hay algo extraño. Me da la sensación de que… hay algo humano también detrás de esa energía, pero además… —De nuevo se quedó callado; no estaba seguro de lo que pretendía decir, pero de repente le pareció una locura. Las chicas lo observaban a la expectativa, esperando que terminara de hablar, y él decidió desechar cualquier idea inadmisible—… Eso es todo.

—¿Quieres decir entonces que hay un humano por ahí, con reservas de energía de la Legión de la oscuridad a su disposición? —preguntó Marianne—. ¿Algo como Ashelow? 

Samael la miró con seriedad. Sabía lo que estaba pensando, pero no quería que estuviera en lo correcto.

—¿Y eso qué significa? —Lucianne no parecía entender.

—…Que posiblemente la Legión de la oscuridad esté creando más sombras a partir de seres humanos —respondió Marianne, frunciendo el ceño ante la idea.

—No estamos seguros de eso, no hay que asumirlo —intervino Samael—. Como había dicho antes, para crear otras sombras los demonios deben aportar parte de su propia energía, eso para ellos significa perder fuerza y en estos momentos a Hollow no le conviene debilitarse ante nosotros.

—Quizá ahora ha cambiado de opinión y piensa que necesita de ayuda extra.

—¡Pero lo que no entiendo es qué tiene que ver mi papá en esto! —exclamó Lucianne, sintiéndose frustrada—. ¿Por qué lo sacarían de aquí? ¿Qué más pueden querer de él si ya le arrebataron el don que le pertenece?

Ninguno de los dos respondió. Samael volvió a mirar el pomo y la cerradura derretidos. Pensó no sólo en el rastro de energía humana, sino en algo todavía más imperceptible. Esperaba que no fuera demasiado tarde si sus sospechas resultaban ciertas.

El día del evento, los chicos tuvieron que ir al Music Center desde muy temprano como parte de sus actividades de voluntariado. Debían arreglar no sólo el escenario sino también la sala dos horas antes de que llegaran los concursantes.

Lilith había decidido hacer una escala en el Retroganzza antes. Ahí encontró a Demian en la barra con una revista entre las manos. Más que leerla, parecía estar mirando una imagen con atención.

—¿Lees historietas? —preguntó ella, tomándolo desprevenido.

—Ah… no realmente —respondió, cerrando la revista y colocando las manos encima de ésta con un intento de sonrisa—. La tomé del calabozo, sólo la estaba hojeando.

—¿Es… para adultos? —dijo ella, moviendo las cejas con una sonrisa sugerente.

Él únicamente destapó la revista y dejó que la viera. Era el número uno de “El detective de las sombras” cuya portada únicamente mostraba una silueta en gabardina de cuero negra, de pie frente a la escena de un crimen y rodeado de cuervos negros.

—…Ja, cosas de chicos, supongo. ¡Pero bueno, a lo que venía! —De su bolso sacó una hoja del concurso que incluía uno de sus panfletos de promoción y se lo extendió—. ¡Para que vengas a apoyarme! ¡Es esta tarde! Los demás ya deben estar ahí.

—Gracias, aunque no sé si pueda con el trabajo. —La cara de Lilith de inmediato se frunció en un puchero—… ¡Pero haré lo posible, en serio!

—¡Perfecto, así me gusta! —Su cara volvió a dibujar una sonrisa, como si no tuviera punto medio—. ¿Y Monkey? También tengo uno para él.

Sin necesidad de decir nada, Mankee salía en ese momento con las dos manos ocupadas por bandejas, pero en cuanto vio a Lilith, se dio la media vuelta y regresó a la cocina, dejando a ambos con expresiones desconcertadas.

—…Quizá olvidó algo. Espera un momento, ahora se lo llevo.

Demian tomó la hoja de manos de Lilith y siguió los pasos de Mankee. En la cocina se encontró con él a un lado de la puerta, con la espalda pegada a la pared y sin soltar las bandejas.

—¿Cuál es tu problema? ¿Te estás escondiendo de Lilith?

—¡N-No, no! ¡No es eso! No lo entenderías. ¿Podrías llevar estas órdenes y avisarme cuando se haya ido? Te lo agradeceré —le pidió Mankee, entregándole las bandejas, y en eso se asomó Lilith en la puerta, dejándolo frío.

—¿Qué pasa contigo? ¿Me estás evitando? —preguntó ella, frunciendo el entrecejo.

Mankee se quedó en la misma posición con gesto velado al verse descubierto. Demian se enderezó, sosteniendo las bandejas, y optó por abandonar el barco.

—…Yo iré a llevar estas órdenes. Con permiso.

Salió de ahí y Lilith se quedó en la puerta, mirando fijamente a Mankee en espera de una respuesta, pero él continuó como estatua, enmudecido.

—¿Y bien? ¿Cuál es el problema? ¿Es algo que yo hice o qué?

—¡No! N-No te lo tomes personal. En realidad, no se trata de ti, es sólo… que prefiero mantenerme al margen —respondió él, tratando de no mirarla a los ojos.

—¿Es por lo del otro día? ¡Si me ayudaste a sentirme mejor! ¿No me ves? Tu técnica ha funcionado —afirmó Lilith, mostrándole su mejor cara a la vez que dibujaba con sus manos la forma de su sonrisa. Mankee apretó la boca y la miró con ojos angustiados.

—…Al menos por ahora. Pero no se detendrán.

Lilith parpadeó desconcertada. ¿Estaría hablando de las voces? No había forma de que él pudiera saberlo.

—Tengo que… regresar a trabajar. Cuídate.

Con los hombros caídos, se apartó de ella y salió de vuelta hacia el comedor, dejando a Lilith de pie en la puerta con la sensación de que la ropa le pesaba, como si llevara a cuestas un abrigo de plomo. Pero aún tenía cosas que hacer.

Llegó al Music Center y tras mostrar su credencial de concursante entró en la sala donde se realizaría el evento. Era enorme, parecido a un teatro, y había una plataforma que quedaban justo al frente del escenario, donde supuso que sentarían el jurado. Había varios muchachos acomodando asientos y decorando el escenario, y después de mucho buscar por fin vislumbró a sus amigas en una mesa, recortando tarjetas.

—¡Qué bueno que las encuentro! ¿Saben si ya llegaron los demás participantes? ¿Han ensayado? ¿Los han escuchado, alguno es bueno? —preguntó Lilith de corrido, mostrándose nerviosa.

—Tranquila. Los concursantes han estado yendo detrás del escenario, así que no podemos escuchar si ensayan o no.

—Y también vimos llegar a tu nueva némesis con un ejército de maquillistas y estilistas detrás de ella —agregó Angie sin despegar la vista de la tijera—. Viene con todo.

Lilith infló el pecho, como si se preparara para un combate.

—¡Muy bien! En ese caso no debo perder más el tiempo. Ustedes sigan trabajando, yo iré a prepararme para el concurso. No les pido que me deseen suerte porque sé que me apoyarán. ¡Hasta luego!

Las chicas se despidieron de ella y la siguieron con la mirada hasta perderla de vista detrás del escenario. Marianne dio un suspiro.

—¿Al menos alguien la ha escuchado cantar?

Las demás se quedaron calladas e intercambiaron miradas igual de perdidas.

—…Supongo que pronto la escucharemos. ¿Todas recuerdan bien sus puestos?

Las chicas movieron la cabeza afirmativamente mientras Marianne echaba un vistazo hacia la parte de arriba. Por encima del escenario estaban Mitchell y Samael, recorriendo las vigas por donde se abría y cerraba el telón.

La noche anterior se habían introducido furtivamente al centro para poder realizar un reconocimiento del área e identificar los puntos más probables de ataque, y donde se encontraban parados lo consideraban el más factible.

—¿Apruebas entonces que haga aparecer una barrera neutra en caso de que a ese sujeto se le ocurra atacar? —preguntó Mitchell, colocando un pie tras otro en la viga de madera para mantener el equilibrio.

—Pienso que es lo mejor en este caso. A las demás personas no les afectará, y les daría tiempo de huir sin que él pueda hacerles daño —respondió Samael, que pasaba de una viga a otra sin temor alguno, haciendo cálculos mentales.

—¡Y entonces lo rodearemos y obligaremos a regresarnos los dones que tiene en su poder, y para rematar le daremos la paliza de su vida!

Movió los brazos como si estuviera dando golpes y al sentir que perdía el equilibrio, se quedó inmóvil por unos segundos, arrodillándose para sujetarse a la viga.

—Esperemos que todo resulte como dices —dijo Samael, pasando de largo junto a él sin trastabillar siquiera un poco.

—¡Hey! ¡Una ayudita al menos, ¿no?! ¡¿Hola?!

Mitchell permaneció aferrado a la viga sin moverse, esperando que regresara por él.

Cuando Lilith llegó detrás del escenario, vio a un montón de muchachos yendo de un lado para otro, probándose vestuario, peinado, maquillaje, ensayando en cualquier rincón libre que encontraran o en su defecto en el espacio compartido con alguien más.

Algunos tenían hasta montada coreografía. Empezó a sentir de repente la presión de lo que estaba a punto de hacer. Hasta entonces le parecía un juego emocionante con la ventaja de que su cantante favorito estaría viéndola, aunque fuera vía satélite, pero para los demás se trataba de algo serio para lo que se habían estado preparando con tiempo de anticipación. Empezaba a sentir que el estómago se le revolvía.

«No podrás hacerlo»

«Sólo harás el ridículo»

«Y todos se reirán de ti»

«Especialmente ese cantante»

Lilith apretó las manos contra sus oídos, presionándolos hasta que dejó de escuchar las voces. Trató de recuperar la compostura y buscar algún lugar para ella también prepararse. Quedaban un par de horas para que iniciara el evento.

—¿Has sabido algo de tu papá? —preguntó Marianne mientras esperaba junto con Lucianne en la entrada. En su mesa había cajas con brazaletes para entregar a los asistentes, y además ellas llevaban puestas unas pulseras con sus nombres y la palabra “voluntario”.

—Nada aún. Perry ha estado buscándolo, pero no ha tenido ni siquiera noticias de algún robo o algo donde pudiera estar involucrado.

—Aparecerá, no te preocupes. Debe estar oculto en algún lado.

Lucianne no contestó, pero no podía evitar preocuparse. Seguía sin entender por qué lo habrían liberado.

—Si en verdad están creando nuevas sombras con seres humanos… ¿habrá alguna forma de revertir el proceso?

Ahora fue Marianne la que se quedó callada. No se había puesto a pensar en ello. La única forma en que Ashelow había logrado liberarse fue con la muerte. Pero no podían tomar esa medida, después de todo seguían tratándose de vidas humanas.

—Supongo que tendremos que hallar una —respondió finalmente.

Y entonces las puertas se abrieron. La gente comenzó a llegar en tropas y a entrar uno tras otro sin parar mientras ellas colocaban las pulseras de papel junto con otros voluntarios distribuidos en cada una de las cuatro puertas de acceso al centro. Vieron entrar a la mamá de Lilith y su hermanita, también a varios de sus compañeros de la escuela e incluso Kristania que llevaba una de las pancartas que habían hecho a favor de Lilith. Debían haber entrado ya como mil personas y seguían llegando.

—Vaya, qué brazalete más interesante.

Lucianne alzó la vista apenas escuchó aquella voz, reconociéndola al instante.

—¡Frank! —exclamó con sorpresa al verlo frente a ella. Llevaba dos días sin saber nada de él y ahora estaba ahí como si nada—… ¿Te sientes bien?

—Claro, ¿por qué no habría de estar bien?

Su aspecto decía otra cosa, parecía enfermo por más que él quisiera aparentar lo contrario, sin embargo, Lucianne no dijo nada al respecto, no quería que pensara que le estaba reclamando su ausencia en esos días, aunque él mismo acabó disculpándose.

—Lo siento por desaparecer de repente, tuve cosas que hacer.

—No hay problema. Igual he estado ocupada como podrás ver —replicó, mostrando los brazaletes mientras Marianne le lanzaba miradas para indicarle que la fila se estaba atrasando, además de su no muy sutil muestra de su desagrado por él—… Quizá deberías avanzar.

—Nos veremos después entonces —finalizó él, permitiendo que le colocara la pulsera y caminando de espaldas hacia el interior mientras agitaba la mano con el brazalete, por lo que ella no pudo evitar esbozar una sonrisa, notando al instante que Marianne movía la cabeza negativamente.

—¿…Qué?

—Nada. No he dicho nada —respondió ella, encogiendo los hombros y volviendo su atención a la fila, justo cuando alguien más ya iba pasando—… ¡Hey, el brazalete!

Estiró el brazo para colocar la pulsera, pero ésta se rompió. La persona se detuvo entonces y volteó. Era Demian.

Ella se quedó en la misma posición con el brazo estirado, sosteniendo el brazalete roto mientras él miraba sorprendido de ella a Lucianne, que lo saludó con una sonrisa y una discreta seña con la mano.

—…Entonces era cierto. Son voluntarias del evento.

Marianne se enderezó de un salto y se mantuvo rígida, con la vista en la pulsera rota.

—¿Cómo ves? Pareciera que no tenemos nada más que hacer, ¿verdad? —dijo Lucianne en tono de broma.

—Rompiste el brazalete —terció Marianne a modo de reproche y él la miró sin saber qué responder. Ella sacó otro brazalete de su caja y se lo lanzó—. Más te vale no romper ése también.

Demian atrapó la pulsera al vuelo mientras ella volvía su atención al resto de la fila.

—…Ahora sigue tu camino, que aún hay gente esperando entrar.

Marianne continuó ocupándose de los demás mientras Lucianne le dirigía una mirada a Demian, alzando las cejas e indicándole con un gesto que era mejor no discutirle en ese momento. Él sólo tomó el brazalete con fuerza y siguió adelante. Quizá no había sido buena idea haber ido después de todo.

Ahora fue Lucianne quien movió la cabeza negativamente.

—¡¿…Qué?! —preguntó Marianne al darse cuenta.

—No he dicho nada —le reviró ella, imitando su gesto de encoger los hombros y ella le dedicó una mirada fulminante en respuesta.

En cuanto los asistentes terminaron de llegar y ocupar los asientos, todos los voluntarios se dispersaron para vigilar el evento.

El salón ya estaba lleno cuando el conductor del evento apareció y dio inicio al programa, que sería a su vez transmitido por televisión nacional dada la creciente fama de Lissen Rox. Hizo una breve introducción a manera de monólogo y luego procedió a presentar al jurado de la ocasión, compuesto principalmente por personalidades de la prensa y espectáculos de la ciudad. La mayoría de los concursantes se asomaba con curiosidad desde bambalinas para ver al jurado y al público. Y fue entonces que el conductor presentó al invitado especial vía satélite. En una pantalla colocada de frente al escenario y en otra más grande frente al público apareció Lissen Rox acomodándose un apuntador en el oído y al parecer escuchando instrucciones de alguien más detrás de cámara. Los gritos histéricos en el público no se hicieron esperar.

Lilith trató de contener sus gritos, pero no pudo, un potente chillido escapó de sus pulmones y se unió al clamor del público sin importarle las miradas de reprobación de los demás participantes, que se tapaban los oídos y de inmediato se apartaban de ella.

—¡Saludos, Arkelance! —saludó el cantante, con cabello revuelto, delineado negro que simulaba una lágrima en la esquina de uno de sus ojos y una sencilla camisa de gasa que mostraba su pecho tatuado. Las exclamaciones de fervor se intensificaron—. Lamento mucho no poder estar ahí. Estoy preparándome para un concierto en Londres, pero espero estar muy pronto con ustedes como parte de mi gira internacional. —Gritos y más gritos—. Como saben, el ganador de este concurso tendrá el gran honor de hacer un dueto conmigo y quién sabe, quizá hasta me lo lleve de gira. —Exclamaciones de gozo de los participantes. Lilith parecía a punto del desmayo—. Así que esfuércense, porque los estaré observando y espero ver mucho talento.

Lilith comenzó a hiperventilar. A pesar de que ya lo sabía por las mismas bases del concurso, escucharlo de boca de él mismo lo hacía más real, y eso la ponía más nerviosa de lo que jamás pensó estar. Pero debía controlarse, era un paso más para acercarse a su ídolo.

Y así el concurso dio inicio, cada participante era llamado al escenario al ser su turno de cantar, los jueces únicamente hacían comentarios entre ellos y tomaban apuntes en unas hojas de papel, mientras Lissen Rox se dedicaba a festejarlos con varios “Muy bien”, “Excelente”, “Fantástico”, “Sigue así”, hasta a quien desafinara durante toda la canción.

—…Ese tipo es un charlatán —comentó Marianne, harta de escuchar una y otra vez las mismas palabras de aliento y señas que hacía con las manos para todos.

—Tiene que ser amable, es una figura pública, no quiere perder admiradores —lo justificó Lucianne de pie a un lado de ella.

—¿Faltará mucho? Creo que la avena que me comí en la mañana está empezando a germinar —intervino Mitchell, prácticamente recostado contra la pared, aprovechando que no tenían nada que hacer.

—Deben estar como por la mitad. Supongo que la acción comenzará una vez que anuncien al ganador —respondió Angie, mostrándose indiferente ante el evento o sus participantes.

Lilith miraba todo desde bambalinas, aplaudiendo cada que un participante bajaba del escenario y a su vez muerta de miedo de que llegara su turno. Llevaba un vestido rojo con una chamarra de cuero encima y unas botas que le llegaban hasta las rodillas. Su melena, más alborotada y salvaje de lo usual, levantada con fijador. Había empezado a sacudir las extremidades, consciente de que no debía faltar mucho para que le tocara a ella. Y entonces llamaron al escenario a Vina Ming.

La jovencita, que no parecía tener más de trece años, pasó junto a Lilith, dirigiéndole una mirada que parecía decir “Observa y aprende”. Su vestimenta asemejaba mucho a la del video más reciente de Lissen Rox, aquél que parecía describir a los Angel Warriors, así que claramente ésa era la canción que iba a interpretar, “Engel soul”. Detrás de ella iba un grupo de muchachos que se colocaba también entre bastidores, a la espera. Iban vestidos con ropas negras hechas jirones y los rostros pintados como si fueran espectros. Bailarines. ¡Tenía sus propios bailarines! ¿Eso no era contra las reglas o algo?

La música inició y la muchachita comenzó a moverse como si fuera una bailarina clásica entrenada. Pretendía emular el video completo, de eso no cabía la menor duda. Las guitarras comenzaron y a continuación entraron los bailarines a realizar su coreografía. La chica empezó a cantar. Su voz no había terminado de madurar aún, era demasiado aguda pero afinada, y a pesar de los movimientos constantes no perdía el control sobre su respiración. En cuanto terminó, Lissen Rox le dedicó no sólo los mismos halagos que de costumbre, sino que agregó además un “Tú rockeas” y un “Wow”, suficiente para descorazonar a todos pensando que ya con eso estaba echada la suerte del concurso.

La jovencita pasó junto a ella al bajar del escenario y le dedicó otra mirada junto con una sonrisa que ahora rezaba “Así es como se hace”. Lilith pasó un trago con dificultad, sintiéndose nuevamente pequeñita, y fue entonces que dijeron su nombre. Era su turno.

Sintió que sus músculos se tensaban y que sus intestinos se le hacían un nudo. Empezó a pensar seriamente en huir cuando le colocaron un micrófono en la mano y la hicieron avanzar hacia el escenario. Una vez en el centro, ella se quedó petrificada al mirar hacia el público, y sobre todo al ver aquella enorme pantalla desde donde Lissen Rox parecía estarla mirando de frente.

Sostenía el micrófono bajo su rostro, como si se hubiera quedado incrustado en sus manos. Intentó decir algo, pero también sus cuerdas vocales se habían paralizado. Justo lo que más temía, quedar en ridículo frente a su ídolo. La gente permanecía en completo silencio, como si no pudiera ser más incómodo aún.

—Ay, no. Se paralizó —dijo Lucianne, llevándose las manos a la boca en un gesto de consternación.

Marianne miró hacia el público y de vuelta a Lilith. No podía permitir que continuara así. Respiró hondo y abrió la boca.

—¡Lilith! ¡Lilith! ¡Lilith! —comenzó a exclamar en apoyo, a ritmo golpeado.

Por unos segundos fue la única que se escuchó en todo el lugar hasta que Lucianne la secundó y la siguieron sus demás amigos; pronto, como si fuera reacción en cadena, varios más comenzaron también a corear su nombre. Kristania sacó incluso su pancarta en apoyo a Lilith y empezó a agitarla.

Al ver todo aquello, ella sintió que su cuerpo se relajaba y una creciente ola de entusiasmo renovado comenzó a imbuirla. Era como se había imaginado muchas veces, encima de un escenario con el público coreando su nombre. Podía hacerlo, estaba segura. Así que tomó el micrófono con firmeza y emitió por fin las primeras notas de su canción. El público hizo silencio al escucharla y ella continuó a capella.

—¿Escucharon eso? —articuló Lucianne con la boca abierta.

—…No puede ser —musitó Marianne con las manos suspendidas frente a su rostro, desconcertada. No se esperaba que aquella voz potente y afinada saliera de Lilith.

—¡Podría ganar! —exclamó Belgina, aplaudiendo como si eso fuera algo bueno, pero Marianne no lo veía así. Había permitido que Lilith participara creyendo que no tenía oportunidad y que era inofensivo para ella, y ahora todo se les volteaba. Si algo le pasaba, sería culpa suya.

—¿…Qué hemos hecho?

Lilith había comenzado a cantar el inicio de su canción favorita de Lissen Rox, “Toten blumen”, del disco con el que había debutado y alcanzado la fama. Aunque no fuera precisamente el sencillo principal, era una balada-rock poderosa que a ella le evocaba varios sentimientos. Apenas terminó con el intro a capella, extendió el brazo hacia bambalinas e hizo un gesto chasqueando los dedos. La música comenzó a sonar y cantó con aquella voz que no parecía salir de ella.  El público seguía en silencio.

El cantante se mostraba atento, escuchando en posición reflexiva, hasta que alguien de su staff lo sacó de concentración y tras decir algo le quitaron el apuntador y demás. A continuación, lo obligaron a levantarse y marcharse de ahí mientras entraban a cuadro personas que comenzaban a retocar su maquillaje, cabello y vestuario.

Lilith estaba tan concentrada en su interpretación que ni se dio cuenta, y no fue sino hasta que terminó la canción y escuchó el estallido de aplausos del público que levantó el rostro orgullosa de lo que había hecho, pensando así ver el rostro de Lissen Rox quizá con una sonrisa, y posiblemente recibir varios “Wow” de su parte, pero se dio cuenta que la pantalla estaba vacía. Su rostro de inmediato se ensombreció mientras el conductor se acercaba al escenario junto a ella para explicar que el cantante había tenido que salir a dar su concierto. Sin embargo, Lilith no parecía prestar atención. Lo único que deseaba era que él la escuchara y por un momento pensó que lo había logrado. Pero no era así para ella, la suerte nunca le sonreía. Si tan sólo le hubiera tocado turno un poco antes…

—¿Qué vamos a hacer si Lilith gana? —preguntó Lucianne.

—Hay que seguir de acuerdo con lo planeado. De esa forma, aún si ella gana, nada debe salir mal —respondió Samael y los demás asintieron, sin embargo, Marianne sabía por la expresión de Lilith que, sin importar cuál fuera el resultado, ya se encontraba destrozada.

Los últimos participantes terminaron de pasar al escenario y el jurado comenzó a deliberar. Los chicos sabían que ése era el momento para ir a sus posiciones, así que discretamente comenzaron a dispersarse.

—Pensé que esto no terminaría. Comenzaba a sentir claustrofobia.

Franktick apareció detrás de Lucianne, impidiéndole ir al punto que le correspondía.

—Frank… pensé que te habrías ido a medio concurso.

—Admito que estuve tentado. Pero luego pensé “¿Qué rayos? Si voy a perder mi tiempo por dos horas, hay que hacerlas valer al final”, y aquí me tienes. Por un instante pensé que no te encontraría entre tanta gente.

—No te hubieras molestado. Como verás, ahora ando un poco ocupada… —comentó ella, mirando al punto en el que debía encontrarse cuando llegara el momento.

—¿Ocupada en qué? Sólo son voluntarios, ¿por qué se lo toman tan en serio? El concurso ya terminó, sólo falta que elijan un ganador y listo.

—Es que… queremos estar atentos por si gana Lilith.

Frank movió la cabeza levemente e hizo una mueca entornando los ojos.

—…Espero que no gane.

Ella lo miró sin entender por qué desearía algo así y entonces el conductor regresó al escenario. Tenía los resultados en sus manos y llamó a todos los participantes para que subieran al escenario con él. Lilith estaba entre el grupo, justo a un lado de la chiquilla que había pasado antes que ella, Vina.

Todos se agarraron de las manos para esperar a que anunciaran al ganador y Lilith miró a la chica, pensando que se negaría a dársela, pero como si hubiera nacido un nuevo respeto en ella, le estrechó la mano y esperó con la frente en alto. Ésta fue una actitud que Lilith recibió con agradecimiento y ayudó a levantarle los ánimos. Quizá después de todo tenía una posibilidad real de ganar, y si eso ocurría podría estar otra vez frente a su ídolo, y lo mejor de todo, cantando a dueto con él. Una nueva ola de positivismo la recorrió. Aquello no había terminado. Podía ganar. ¡Realmente podía!

—¡Y el ganador es…! —dijo el conductor, haciendo una pausa para aumentar el suspenso.

Los chicos miraban expectantes el escenario desde sus respectivos lugares. Mitchell y Samael se hallaban en el área de tramoya encima del escenario y se mantenían invisibles, esperando con atención que anunciaran al ganador.

Marianne observaba a Lilith. La veía de nuevo emocionada, consciente de que sus probabilidades de ganar se habían vuelto reales y ya no supo qué prefería, que ganara o no. Hasta que finalmente el conductor acabó con esa larga pausa y dio una respuesta.

—¡…Vina Ming! 

Aplausos y vítores del público. La sonrisa de Lilith se borró por unos segundos, dando paso a una sonrisa forzada y una ronda de aplausos en cuanto la chica dio varios pasos hacia el conductor. Era otro revés para ella.

Marianne suspiró con alivio, aunque no pudo evitar una punzada de culpabilidad por sentirse así. Los demás también parecían aliviados y volvieron a concentrarse en el plan. Debían estar atentos a cualquier movimiento extraño que percibieran.

—Aunque quisiera quedarme aquí platicando contigo, de verdad tengo algo que hacer, así que hablaremos más tarde, ¿sí?

Lucianne hacía todo lo posible por llegar al punto que le correspondía, pero Frank seguía deteniéndola.

—El concurso se acabó, ya no hay nada más que hacer, ¿por qué no mejor salimos de aquí? —insistió el chico, como si buscara alguna excusa para sacarla de ese lugar.

—¿Por qué no me dices qué ocurre?

—Sólo… confía en mí, ¿de acuerdo? Salgamos de aquí mientras podamos.

Sus ojos canela brillaron con un destello rojo, acentuando sus ojeras y aspecto demacrado. Lucianne lo miró desconcertada.

—¡…Ahí! —señaló Mitchell hacia la viga que cruzaba el escenario, donde alcanzaron a vislumbrar el chispazo de una sombra. Un segundo estaba ahí y al otro ya no. Se desplazaron hasta aquel punto y miraron hacia abajo.

—¿Ves algo? —preguntó Samael, barriendo el escenario con la mirada. Mitchell negó con la cabeza hasta que divisaron nuevamente aquella sombra que parpadeaba en distintos puntos—… Bien, en cuanto bajemos ya sabes lo que hay que hacer.

—¡No tienes que repetírmelo! ¡Atraparemos a ese sujeto y recuperaremos los dones!

Y entonces todo ocurrió más rápido de lo que estaban preparados. En el escenario todavía estaban celebrando a la ganadora, cuando de pronto el cuerpo de la chica se elevó varios centímetros sobre el piso y se encorvó, saliendo una esfera disparada de su pecho. La gente hizo silencio en completa confusión, y cuando la vieron caer inmóvil al piso y aparecer detrás de ella a Hollow, comenzaron los gritos.

Éste no perdió el tiempo y con un agitar de manos lanzó a todos por el aire. No tardaron en empezar los golpes y empellones en medio de la desesperación por salir de ahí. El demonio sostuvo el don tan sólo un par de segundos y a continuación lo arrojó al piso, volteando ahora hacia los demás participantes que permanecían paralizados del miedo.

Entre ellos se encontraba Lilith, inmóvil a corta distancia del cuerpo de la chica. Su cerebro parecía aún no hacer la conexión de lo que estaba pasando, y entonces Hollow extendió el brazo y una bola de energía salió disparada de su mano, atravesando al chico más cercano de su lado derecho y siguiendo una trayectoria tal que parecía formar una cadena con los que estaban sobre el escenario. Uno a uno, todos fueron cayendo como piezas de dominó, quedando únicamente una brillante esfera por encima de sus cuerpos.

Cuando Lilith por fin reaccionó e intentó huir de ahí, instando a los que tenía más próximos a ella a seguirla, fue demasiado tarde. La cadena de energía alcanzó a los demás y ella fue la última en caer. El demonio entonces se aproximó al don más brillante de entre todos y esbozó una sonrisa.

—…Bingo —dijo mientras sostenía entre sus manos el don de Lilith.

—¡Lilith! —exclamó Lucianne, tratando de aproximarse al escenario, pero Franktick continuamente la detenía y trataba de conducirla hacia la salida.

—¡Tenemos que salir de aquí o seremos aplastados por una estampida humana!

—¡Tengo que ir! —insistió Lucianne, desesperada por llegar al punto en el que debía estar desde antes, pero en medio del alboroto terminó en el suelo con Frank actuando como escudo, colocándose sobre ella mientras la arrastraba fuera del paso de aquella muchedumbre.

Lucianne lo miró perpleja. Sabía que lo estaba haciendo por protegerla, pero tenía trabajo que hacer, así que en cuanto se apartaron del trayecto, ella lo hizo a un lado y se internó entre el gentío. Él la siguió de cerca, aunque terminó perdiéndola de vista entre las personas que huían despavoridas de ahí. Entonces alcanzó a ver a alguien que de igual forma luchaba por ir contra corriente, hacia el escenario. Era Demian.

No supo qué fue lo que lo impulsó, pero de repente Franktick sintió en su interior un burbujeo que lo obligó a dirigirse hacia él, esquivando bultos de gran tamaño en el suelo (¿o eran personas?) y a la multitud que se arremolinaba frente a él.

Demian no se enteró de nada en los siguientes minutos; justo cuando ya estaba alcanzando la plataforma donde habían estado los jueces, algo lo golpeó por la espalda, dejándolo inconsciente justo a un lado de la mesa del jurado.

El lugar era un completo caos.

—¿Por qué Lucianne no ha actuado aún?

—¡Luego lo averiguamos, no hay tiempo que perder! ¡Es ahora o nunca! —anunció Samael, tomando a Mitchell del hombro y transportándose en una fracción de segundo hacia el escenario. Ahí, Samael detuvo a Hollow usando todas sus fuerzas, tomándolo desprevenido—. ¡Ahora! ¡Hazlo ahora!

Mitchell apoyó los pies sobre la madera y levantó los brazos. Una capa opaca se formó por encima de ellos, encerrándolos en una especie de cúpula en un radio que ocupaba toda la zona del escenario. Hollow sabía lo que eso significaba, sin embargo, no parecía particularmente preocupado, ni siquiera cuando sintió el filo de una espada suspendida peligrosamente bajo su cuello.

—Ni te atrevas a hacer algún movimiento en falso —le advirtió Marianne, sosteniendo la espada con firmeza y deteniendo el don de Lilith con la mano libre. Su mirada a través del casco era aguda, y si hubiera tenido el poder de lanzar rayos por los ojos sin duda él ya habría caído muerto en ese instante—. Te tenemos atrapado, no hay forma de que salgas de ésta. Así que entréganos los demás dones. AHORA.

El demonio sonrió sin decir palabra alguna y de pronto Mitchell cayó al piso inconsciente. La barrera que los rodeaba desapareció en medio de su confusión.

Ni tiempo les dio de reaccionar. En cuanto estuvo nuevamente en posesión de sus poderes, Hollow se soltó de Samael y con un rápido movimiento le arrebató a Marianne la esfera de la mano, dando un salto hacia atrás para poner distancia entre ellos.

—Si pensaron que podrían emboscarme porque estaba solo… cometieron un grave error —dijo él, jugando con la esfera, dándole vueltas sobre el dedo índice.

En ese instante apareció otra sombra junto a él, de piel verdosa y ojos plateados.

—…Porque no lo estoy.

Los chicos intercambiaron miradas desconcertadas. Aquello no estaba en sus planes y estaba por dar un giro hacia lo peor. De fondo aún se escuchaban los gritos de la gente intentando huir del lugar. Era una pesadilla que apenas estaba comenzando.


SIGUIENTE